En el corazón del pensamiento de San Miguel Garicoits: El Manifiesto
En 1835, los primeros seis sacerdotes de Betharram formaron una comunidad. Pero el Santo llevaba tiempo pensándolo y sabía muy bien lo que quería para sí mismo y para quienes la Providencia le enviaría. Tenía unos cuarenta y tantos años, pero, aunque mayor, no había perdido el entusiasmo de la juventud, el hombre que decía: «Aquí estoy».
Tres años después, plasmó la esencia de su pensamiento en un texto que, por su importancia, se llamaría posteriormente el «Manifiesto». Se puede decir que todo lo que Michel Garicoïts escribió y enseñó posteriormente es simplemente un comentario al respecto.
«Dios ha tenido a bien hacerse amar y, siendo como éramos nosotros enemigos suyos, nos ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo Único: nos lo ha dado como incentivo que nos rinda al amor divino, modelo que nos muestre las reglas del amor, y como medio para alcanzar el amor divino: “El Hijo de Dios se ha hecho carne”.
En el momento de entrar en el mundo, animado por el Espíritu de su Padre, se entregó a todos sus designios sobre Él y se colocó en el lugar de todas las víctimas: “No quisiste, dijo, sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo (el original dice: me lo apropiaste); no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el pecado: entonces yo exclamé: “¡Aquí estoy, Oh Dios, para cumplir tu voluntad!”.
Comenzó su carrera con este gesto magnífico, que será definitivo. Desde ese momento permaneció siempre en estado de víctima, anonadado ante Dios, sin actuar nunca por sí mismo sino por el Espíritu de Dios, entregado permanentemente a los mandatos de Dios para sufrir y hacer lo que Él dispusiera:Exinanivit semetipsum, factus obediens usque ad mortem, mortem autem crucis.
Así nos ha amado Dios. Así, Jesucristo, Señor y Creador nuestro, se ha convertido en incentivo inefable para el corazón, en modelo perfecto y en auxilio soberano; los hombres, en cambio, ¡están como témpanos ante Dios! Y hasta entre los sacerdotes, ¡hay tan pocos que digan, a ejemplo del divino Maestro: “Aquí estamos… Ita, Pater…!
Ante ese espectáculo prodigioso, los sacerdotes de Betharram se han sentido arrastrados a consagrarse por entero mediante los votos, a la imitación de Jesús, anonadado y obediente, y a la tarea de lograr para los demás una dicha semejante, bajo la protección de María, la bien dispuesta para todo lo que Dios quería y la siempre sumisa, a todo lo que Dios hacía.»
01.
DESDE EL CORAZÓN DEL PADRE
En este texto fundacional, todo comienza en el corazón de este Dios Padre, que se complació en ser amado. El amor impidió que Dios se quedara solo. Y da sus primeros pasos. ¡Y qué pasos! Nos envía a su Hijo, ¡nos lo entrega! A Dios le agradó ser amado (Bossuet). Dios es amor. Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo único. No escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo sacrificó por todos nosotros.
02.
POR EL CORAZÓN DEL HIJO
Ahora el Santo contempla al Verbo Encarnado, que se ofrece espontáneamente y desde el primer instante a toda la voluntad del Padre para el cumplimiento de su gran plan de amor. Admira la profundidad y la extensión de este Ecce Venio, que se convierte en su estado habitual y lo conducirá al sacrificio supremo.
03.
EN EL CORAZÓN DE SAN MIGUEL Y EN EL NUESTRO
Y aquí está la respuesta del Santo a tal amor, a tal ejemplo. Se ofrece a su vez, y nos ofrece con él: «Así nos ha amado Dios»... Es la frase central: «Ante este espectáculo prodigioso»... ¡Aquí estamos por fin! Aquí tenemos nuestro ideal y nuestra partida de nacimiento.
Somos hombres de la voluntad de Dios. Esta dedicación betharramita se reconoce como algo natural.
“Se trata de imitar a Jesús humilde y obediente”.
No te tomes demasiado en serio: “Trabaja duro y no presumas en absoluto”.
Un espíritu de sencillez, nacido del olvido de uno mismo. Un espíritu de discreción… «sin demora pero sin prisa, sin reservas pero sin dispersión, sin retirada pero sin obstinación».