VICE-PROVINCIA DE TAILANDIA - SAMPRAN

algunos pensamientos de seminaristas tais a sus hermanos betharramitas

En septiembre de 2008, los jóvenes religiosos trabajaron la espiritualidad de san Miguel con la señora Isabelle Pommel, docente en teología. A través del texto final, nos entregan el fruto de sus reflexiones:

 

Vocación

¿Cuál es para nosotros el significado real de “vocación”?

¿Estamos dispuestos a dejar todo para seguir a Cristo?

Muchos piensan que ser sacerdote es elegir una vida confortable. En realidad, es muy difícil renunciar a nuestro propio deseo, nuestra propia voluntad para seguir la voluntad de Dios.

Cada vocación es buena si respondemos a nuestra propia vocación.

 

Amor

San Miguel dijo: “Más por amor que por cualquier otro motivo.”

Queremos vivir el amor en nuestra propia vocación y en nuestra vida de seminarista.

El amor es incondicional. Tenemos que amar como Jesús ama.

El amor está en todo y puede ayudarnos en todas las pruebas. No somos nada si no tenemos amor. El amor es lo más importante en nuestra vida de comunidad.

No podemos vivir en comunidad solos, necesitamos a los demás para que sean nuestros compañeros. La vida en comunidad nos une unos a otros. Deberíamos actuar de acuerdo con la vida de comunidad.

 

La cruz

“Que cada uno lleve su cruz”

Nuestra cruz, son nuestras dificultades cotidianas como los estudios, los trabajos colectivos, las responsabilidades, las relaciones con los que no amamos.

No podemos comparar nuestras cruces a la de Jesús, es justo una parte de la cruz de Jesús. No podemos llevarla solos, sino con la ayuda de Dios, podemos llevarla.

 

Obediencia

La obediencia es el primer paso en el seguimiento de Cristo. Quisiéramos vivir la obediencia como el Hijo de Dios, hasta la muerte.

Cuando obedecemos a la voluntad de Dios somos como sus servidores llenos de fe.

Pero la obediencia no tendría que ser una obediencia ciega.

 

Pobreza

La pobreza es renunciar a los bienes, a la familia y a los amigos, y más… para que podamos seguir a Cristo con todo nuestro corazón. La pobreza es la renuncia personal a lo que nos puede instalar confortablemente.

La pobreza es entregarnos totalmente a Dios. La pobreza, eso quiere decir ser pobres en nuestra vida interior tratando de vaciarnos de nosotros mismos para pedir a Dios de llenarnos.

 

Hermanos AndrewAthit, David Pitak, Gabriel Suphot, Gabriel Chaowit,

Albert Sa-at y Dominic Athit