|
notas personales, enero de 1870 |
|
¡Jesús me pide ser Niño! Y ahí está él mismo: de tan grande, hecho tan pequeño; de tan sabio, sin palabra; de tan poderoso, sin acciones; de tan activo, inmóvil. Está ahí, deteniendo el ejercicio exterior de sus facultades, para ser pequeño, chiquito, eclipsado, impotente, manejable, como un chiquito. ¡Qué ejemplo más elocuente sus divinos discursos! ¡Qué fuerza, qué persuasión en esa infancia tan larga!! ¿Por qué yo no puedo ser niño? ¿Tengo algo más que hacer que mi Dios para ello? ¡Una inteligencia más elevada, una voluntad más perfecta, un cuerpo más puro a inmolar! ¡Virgen Santa,por tus grandezas y tus alegrías en el Pesebre, Jesum mihi ostende (muéstrame a Jesús) . Lo muestras a los Pastores y a los Magos. Eres su introductora, su camino, la puerta de ese Paraíso, la palabra de la Palabra divina, el canal del tesoro infinito, la madre de los fieles sencillos y de los Apóstoles, la formadora de las almas escondidas y de los mártires. Mi muy divina Reina, de quien he recibido todo, pues no tengo nada que no me venga por ti, hazme agradecido, humilde, amante, fiel. |