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in memoriam provincia de Francia |
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10 de junio de 1927 - 4 de noviembre de 2008 |
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A los 81 años y en su país natal, el Padre Guillaume Etchebarne, en la mañana del 4 de noviembre de 2008, se dejó arrastrar por el “coro de los Ángeles”, permitiéndole así prestar su voz para las alabanzas de la Trinidad Santa. Ahaxe fue el lugar de su bautismo, y le ofrece ahora el lugar de su descanso en la paz de Dios. De hecho, pocos años vivió allí… ya en pos de S. Miguel Garicoïts, de Saint-Palais a Betharram, de 1938 a 1945. Después de su último año de bachillerato en el Apostolicado, entre con sus compañeros de clase en el noviciado de Balarin. El fin de la guerra 39-45 ofrece una zona de tranquilidad para los viajes. Y todo el escolasticazo está abierto en Belén, pero eso no dura más que dos años, del 46 al 48. Otra guerra ha surgido: el conflicto israelo-palestino. La vida ya no es posible allá y todos vuelven a Francia para establecer la nueva casa de formación en Bel-Sito, una bastante amplia propiedad en los alrededores de Burdeos, en Floirac. ¡Guillaume se siente con salas! Pues en ese lugar, todo está por hacer o rehacer, limpiar, organizar. El hombre de la tierra se entrega de lleno, sabiendo sin embargo que estaba ahí para estudiar. Y ya es profeso perpetuo, luego sacerdote, ordenado por Mons. Richard, obispo de Burdeos, el 29 de junio de 1952. Tiene 25 años. ¿Primer nombramiento? Casablanca, en un país luminoso y espacioso. Da clase a los pequeños, pequeños que adoraba, pequeños de sexto año. Pero el Colegio de Limoges, Ozanam, necesita reforzar su equipo: el Padre Guillaume vivirá allí todo un tiempo de su vida, cerca de 23 años; aquí también radiante en medio de la juventud, él mismo todavía joven y alerta. ¡Cuántos partidos de pelota!... Ozanam tenía un frontón. Padre Etche era una figura emblemática del colegio. El cura de Sarrance murió de repente. Se forma un nuevo equipo, compacto, generoso, emprendedor. Un hombre sólido como el Padre Guillaume será del trío. Y Sarrance, resucita en su calvario, en su santuario, en su claustro, en su amplia acogida. Como para ocupar a muchos brazos hasta agotar el valor: se arranca, se planta, se renueva y el taller no para nunca. Y la edad se hace sentir, el corazón hará de las suyas. Hace falta una operación y otro tipo de comunidad. Una cierta nostalgia no lo abandonará más… Algunos años generosos en Saint-Palais no evitarán tener que ir a terminar sus días – él, el vasco – en tierra bearnesa (como san Miguel, pero con el pesar de las alegrías de la sencillez encontrada en tierra natal). Con algunos consuelos, sin embargo. Lourdes está ahí cerca. Los llamados a reemplazar a tal o a tal cura ausente o enfermo lo relanzaban por los caminos. Y es en ese tipo de actividad pastoral que el Ite, Missa est se cumplirá para el pequeño apóstol. En la Soule, para Todos los Santos, luego el domingo siguiente la fiesta, algunas horas apenas en familia en casa de su hermano y lo inesperado – no lo imprevisible… pues se sabía como en prórroga – sorprendió y apenó a todos los suyos. La naturaleza fuerte del Padre Guillaume, su temperamento vasco, su fe profunda, todo lo movilizaba y le hacía creer que podía responder a todo, en un aquí estoy. Se puede pensar aún en San Miguel Garicoïts que se decía: “Si me dejo llevar por mi temperamento de vasco…” Pues había de eso en el Padre Etche. Ya que algunas veces hervía y por encima de su interior. Ha vuelto a encontrar a sus familiares, a San Miguel y a los enfermos a quienes gustaba tanto acompañar a Lourdes y que lo han adelantado allá. Estás en tu casa, Guillaume, aquí y arriba, descansa en la paz y la misericordia de Dios. Gabriel Verley,SCJ |