LA PALABRA DEL SUPERIOR GENERAL

las nuevas comunidades betharramitas

Uno de los objetivos fundamentales del proceso de Regionalización de la Congregación es la formación de comunidades fraternas, orantes, acogedoras y misioneras (Cap. Gen.’05, n° 7). Estamos convencidos que la vida de la Congregación se realiza en la fidelidad de cada religioso a su vocación y a su misión y en la experiencia de fraternidad en torno al carisma que se vive en cada comunidad.

Hubo un tiempo en que lascomunidades eran muy numerosas y giraban en torno al prestigio de las obras. La vida comunitaria consistía en el cumplimiento de algunas prácticas juntos, todas previstas en los costumbreros y  una oración comunitaria de tipo devocional. Los superiores detentaban una autoridad que no daba mucho lugar al diálogo, apoyándose sobre un concepto de obediencia que no daba lugar a los matices. Los superiores eran los encargados de asegurar la conferencia semanal para instruir a la comunidad. Era un estilo único para todas las congregaciones, un estilo monástico, podríamos decir. No cabe duda que con este estilo comunitario muchos betharramitas vivieron su vocación y llegaron a la plenitud de la santidad.

Hoy, con  la teología de la vida consagrada y el ambiente de cambio que nos toca vivir, ha cambiado también el estilo de vida comunitaria. Queremos vivir la fraternidad en la comunidad. Cada carisma, se expresa en una misión y da lugar a un estilo original de vivir la comunidad. Las comunidades son pequeñas, de por lo menos tres religiosos dice la nueva Regla de Vida. El fundamento de la comunidad es la experiencia vocacional de cada uno de los religiosos. Hemos sido llamados, pero también convocados para vivir juntos nuestra experiencia de Dios y tener la experiencia de comunión. Convocados para vivir los valores cristianos del carisma, pero también para ayudarnos a ser fieles a nuestra consagración. Llamados, convocados, consagrados y enviados para continuar la misión consoladora y salvadora de Jesús.

Lo que hace hoy consistente lafraternidad evangélica es compartir la vida, la experiencia de Dios, los bienes y la misión. Cada sacerdote de la Congregación tiene que rezar cada día la liturgia de la horas; después del Concilio, siguiendo las orientaciones de Iglesia, rezamos en comunidad alguna hora de la Liturgia y está muy bien.  Pero no debemos olvidarnos que no estamos en comunidad para rezar juntos la Liturgia de la horas, sino para realizar una misión en comunidad conforme a nuestro carisma. Reducir la oración comunitaria a la liturgia de las horas sería empobrecerla, como era pobre, reducirla a las devociones. Los movimientos y nuevas comunidades son creativos a la hora de ofrecer otros modos de oración, no es humillante aprender de ellos.

Hoy somos más sensibles a lamisión que a la obra y ciertamente la diversidad de la misión nos empuja a una dispersión. Eso exige de aquellos que han sido convocados para vivir la vocación, la consagración y la misión ponerse de acuerdo sobre qué, cómo y cuándo van a reunirse para rezar, compartir, vivir juntos. Es el Proyecto comunitario-apostólico. Después hay que ser fieles a lo proyectado juntos, superando los obstáculos interiores que todos experimentamos para compartir en profundidad. Aquí está la dificultad y no tanto en las actividades de la misión que podemos organizar para ser fieles a los momentos comunitarios programados. Este nuevo estilo de fraternidad evangélica exige de nosotros una madurez, que valora la libertad de cada religioso, quien con la misma libertad es capaz de renunciar a proyectos personales en función de la comunión y la misión.

Esto sólo será posible sirecuperamos el rol de los Superiores locales. Después de aquellos superiores que eran todo en la comunidad, hemos pasado a tener superiores a quienes no se reconoce ninguna autoridad. No puede ser que el mínimo problema comunitario pida la intervención del Superior provincial. Si es en las comunidades donde tiene lugar la vida de la Congregación, es allí donde hay que dialogar, reflexionar,  compartir,  respetar a las personas, reconocer  las potencialidades de cada religioso, otorgar el perdón y  resolver los conflictos lógicos de la vida en comunidad y los generados por la misión. Dice San Miguel Garicoits que los superiores serán los primeros en desplegar en mayor celo para unir todos los corazones (D.S. 360). Hay que contar con la madurez de los religiosos y con su responsabilidad. Es interesante leer con atención la Regla de vida cuyos sujetos más utilizados son nosotros, todos, cada uno.

Ser Superior en las nuevas comunidades es un servicio de acompañamiento de la vocación y consagración de cada religioso y un servicio de animación de la fraternidad  y de la misión. Para eso el Superior tiene que generar en la comunidad comunión y participación de todos los religiosos. Tiene que motivar también la elaboración y la puesta en práctica del Proyecto-comunitario-apostólico, implicando en ello a todos los religiosos. El Superior local sabe que la formación permanente de los religiosos se realiza sobre todo en la comunidad. En la entrevista fraterna se interesará por lo que cada uno hace para su formación. Pero también, conociendo lo que cada uno puede aportar, comprometerá a cada religioso a preparar y comunicar sus experiencias y conocimientos a los otros hermanos en la comunidad. Y como dice Perfectae Charitatis, cuando sea necesario, el Superior sabrá decidir y mandar (P.C.14).

Gaspar Fernández Pérez,SCJ