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El M.R.P. Etchecopar, por su trabajo, obtuvo una redacción de las Reglas de Betharram digna de ser aprobada por la Sagrada Congregación de los Obispos y Regulares. Para asegurarse, hace una peregrinación a Asís. Allí, por intercesión de san Francisco de Asís, pide, para sus religiosos, “el espíritu de amor que dice: ¡Aquí estoy!”

Durante el retiro del 6 al 13 de junio de 1877, somete el texto a los superiores reunidos en capítulo general por un indulto de la Santa Sede. Después de un examen profundo y de su aprobación por unanimidad, lo envía a Roma. La aprobación romana fue una gran sorpresa. Nadie se atrevía a esperarlo antes del año siguiente. Fue firmado mucho más pronto por Pío IX dos meses después, el 5 de septiembre de 1877.

El M.R.P. Etchecopar se había retirado para tomar algunos días de descanso a los pies de nuestra Señora de Sarrance. “En esa soledad, tan tranquila y alegre”, le remitieron el decreto nueve días después. En seguida, por telegrama, comunica la noticia a Betharram, y por carta describe más ampliamente el acontecimiento al Padre Pagadoy, su asistente:

“Sarrance, 14-15 de septiembre de 1877.

En este día, viernes de la Exaltación de la Santa Cruz, recibo el breve que aprueba nuestra querida Congregación. ¡Qué coincidencia! Que todos digan una misa de acción de gracias. Que los Hermanos hagan una comunión y recen cuatro veces el rosario. El decreto está lacrado a nombre de Monseñor. Voy a Olorón a llevárselo…

Monseñor me ha hecho abrir el sobre. Contenía: 1º La carta de envío para Monseñor. 2º El decretum más o menos parecido al breve laudatorio, excepto la mención de la aprobación. 3º La animadversiones en número de cinco; es todo. Me parece que son pocas cosas y que podemos tener nuestras Reglas impresas. Monseñor lloraba de alegría; me decía: “Es el cielo que ha actuado para tener un tal favor.” He telegrafiado a todos los sitios. Espero que hayas recibido el telegrama enviado a Pau; esta noticia ha concluido deliciosamente la fiesta del Calvario, y, al día siguiente, octava de la Natividad, todos los corazones han agradecido por un tal favor. ¡Qué alegría por encima de todas nuestras pruebas, por encima de todos nuestros trabajos! Estar así unidos por la mano de la Santa Sedea una vida más segura y sólidamente perfecta, no, por supuesto, para no sufrir más, sino para sufrir con más mérito y con un corazón más religioso y más perfecto, qué dulce recompensa del tiempo.”

Con ese decreto que la coloca bajo la autoridad y la salvaguardia del romano Pontífice, la obra de san Miguel Garicoïts está por fin salvada. Después de catorce años de esfuerzos, de trabajos y de oraciones, la satisfacción del M.R.P. Etchecopar es inmensa. Tras su impulso, el 28 de abril de 1890 y el 6 de septiembre de 1901, la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús debía obtener la aprobación de sus Reglas.

Pierre Miéyaa,SCJ (1901-1981)