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in memoriam provincia del Río de la Plata |
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¡No es más que un hasta luego! El Dios bueno, lleno de ternura, interrumpió su sueño apacible y lo rozó suavemente. El Padre Arce, acostumbrado al misterio, intentó erguirse, abrió grandes sus ojos, musitó sonriente una vez más su “¡aquí estoy!” y partió. Totalmente liberado por fin, - cual águila que escapa de la trampa - emprendió raudo ese vuelo al misterio fascinante del Padre, misterio que siempre vivió, que siempre trasmitió con su corazón de niño, grande, sonriente, generoso. Eran las 17.35 del viernes 11 de julio de 2008. ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad! El Padre Ceferino Arce vio la luz de la vida en un hogar muy creyente en Ameghino, ciudad al oeste de la Provincia de Buenos Aires el 1º de setiembre de 1917. Sus padres, Pedro Celestino y María Baroque, criaron una familia numerosa. Ceferino es el 2º de 10 hermanos. Fue bautizado en la Parroquia SanJuan Bautista de su ciudad natal. De muy niño, aprendió a escuchar la voz del Maestro Tomó la Primera Comunión y recibió la Confirmación en esa misma parroquia. Ofició como ayudante de misas. Pero su corazón tenía sed de más. El paso de misioneros betharramitaspor la parroquia, despertó en él la vocación misionera. Un “¡aquí estoy!”, pronto, fresco, de niño bueno, lo llevó en marzo de 1931 al Apostolicado del Sagrado Corazón de Barracas. Tenía 14 años ¡Sin reservas, para siempre y sin marcha atrás! En 1939, terminado el secundario en Barracas, fue de los novicios pioneros del Noviciado de Adrogué. Al año siguiente allí mismo pronunció sus primeros votos, que fueron definitivos. Y - comenzada ya la 2ª guerra mundial – se embarcó para Tierra Santa para continuar su formación betharramita y sus estudios eclesiásticos. Fue ungido sacerdote en Jerusalén el 18 de diciembre de 1943. ¡Por amor, más que por cualquier otro motivo! Su regreso a Argentina - en plena guerra – fue una larga odisea con mil aventuras, mil veces narrada con detalles siempre nuevos… y por supuesto ¡totalmente verídicos! Comenzó su tarea pastoral al servicio de la Educación en el Colegio San José de Buenos Aires en marzo de 1945. Enseñó Historia, Geografía, Francés, Religión. Y en Bariloche, recibió la noticia de su envío a la Comunidad de Barracas en el verano de 1950. Siempre disponible y sonriente, llegó albarrio de Barracas. Con su celo incansable trabajó de todo. Fue Vicario parroquial – desde 1950 a 1991 con los Párrocos P. Juan Capblanq y P. Eugenio Amitrano. En 1951 se hizo cargo de la Dirección dela Escuela, entonces solo Primaria, bajo la mirada buena y experimenta del Padre Teodoro Fourcade, todo un patriarca en Barracas, lleno de años, de méritos y del afecto de alumnos y familias. En 1958, - Bodas de Oro de la Escuela - abrió la Nocturna como respuesta a adolescentes y adultos que trabajaban. En 1972, asumió a contra turno, la Rectoría del Secundario, a punto de ser cerrado por la Congregación. Con la audacia que lo caracterizaba se empeñó en ofrecerle lo mejor:
¡Tomar por asalto lo que otros no quieren! Inquieto y ardiente en su celo, a pesar de sus múltiples ocupaciones y de sus largas jornadas, el Padre Arce halló tiempo para acompañar a chicos y grandes, sanos y enfermos, católicos o no, y acompañarlos de cerca, involucrándose en sus problemas. No hay casa de Barracas que no haya recibido la visita del Padre Arce, que bendiciones, que enfermos, que celebraciones. Fueuno de los pioneros con el P. Amitrano, las catequista Visita Gómez y Rosita de Guillemi, en trabajar en la villa 21, de donde venían y (aún vienen) muchos alumnos a su Escuela, Hoy es nuestra Parroquia vecina Nuestra Señora de Caacupé, tan activa, tan pujante. Nuestrosabuelos – antes y ahora tan olvidados y arrinconados - gozaron de su preocupación eficaz: les brindó en su Escuela lugares para el encuentro, para juegos de mesa (naipes, ajedrez...), para un partidito de bochas, en los jardines que dan a California. Tambiénen su Escuela cobijó a “La Juventud”, creando espacios para entretenimiento y contención de los jóvenes del barrio. Fueasesor del Movimiento Familiar Cristiano con sus grandes amigos, el Doctor Francisco Guillemi y Rosita de Guillemi, su esposa. Amó aniños y a jóvenes y veló hasta el final por brindarles buen humor y alegría para hacer su formación más sana, la educación más cercana, el cuidado de la salud física y espiritual, más accesible. Fue Capellán del Grupo Scout Nº 7 Sagrado Corazón, fundado por el venerado P. José Boué en la Parroquia en 1938. Asumió este movimiento con toda su riqueza: descubrió en él una mística muy evangélica, muy betharramita, de servicio, disponibilidad, estar siempre alerta: “¡Siempre listo!”, igual a decir ”¡Aquí estoy!”. Hizo propia esa metodología educativa tan ingeniosa de educar al niño por el niño, al joven por el joven, al menor desde el ejemplo del mayor, de que el mayor defienda al menor. En1958 fundó la Comunidad Guía Nº 8 Sagrado Corazón para brindar a las niñas y jóvenes la misma mística, la misma disciplina. Entre sus scouts y sus guías brilló de un modo particular su servicio a niños y jóvenes. Siempre en marcha, generoso, cantando, piadoso, sacrificado, de buen humor… (y hasta con esa picardía ingenua que hacía reír a chicos y grandes) acompañó a sus scouts, a sus guías en sus reuniones de Consejo, en encuentros, cursos, velas de armas, promesas, campamentos luciendo con orgullo y sencillez sus distintivos e insignias. ¡Obediente, sin condiciones! En 1992 dejó su querido Barracas. Con esa soltura tan betharramita fuepasando por varias residencias Adrogué, la Iglesia San Juan Bautista, el Colegio de La Plata… siempre dedicado a confesiones, misas, atención de enfermos, siempre rodeado de amigos, de cariño: - el San Juan, el Sr. Hugolino, amigo fiel colaboró con la impresión de su volante mensual “La voz que clama en el desierto”. - Otro amigo de Adrogué comentaba muy convencido: “El P. Arce siempre va tener a su lado alguien que lo quiera” ¡Qué hermoso por que fue verdad hasta el final! Estaba en La Plata cuando volvió a su querido Barracas – solicitado por los dirigentes scouts, a quienes cada verano seguía acompañando en los campamentos - ya enfermo. Varias dolencias lo iban aquejando, le daban conciencia de los límites, de la vulnerabilidad de nuestra carne. Él las asumía con su buen humor: el médico le diagnosticó “corazón agrandado”, él andaba diciendo sonriente: “¡Ahora es un defecto tener un corazón grande!”! Pequeño, contento, constante El buen Dios - como a su Hijo - lo conducía por el camino de la cruz. A ella se entregó con sencillez, humildad, total disponibilidad, fervoroso en rezar, recibir la Comunión, la Unción de los enfermos… Jamás se lo oyó quejarse, ni de sus dolores, ni de nadie! Su corazón grande - aún ante agresiones personales, humillaciones públicas - nunca guardó resentimientos, ni habló mal de ausentes, ni e adhirió a críticas… Al contrario sabía encontrar lo positivo y aprovechaba la ocasión de hacerlo notar. Supo vivir y gozar sanamente de la vida:aún enfermo le gustaba saborear un buen plato, un vaso de buen vino, un buen whisky o un coñac, un poco de dulce de leche, unos bombones de chocolate.¡No los debo tomar, ¡pero por una vez!”... ¡Era casi golosito? Las dolencias con sus años lo ibancrucificando: disminuía la capacidad de cuidarse en sus necesidades elementales, la movilidad, la memoria, el habla… nunca del todo sin embargo la comunicación. Sí, dispuesto a asistir a misa, a comulgaren su silla de ruedas. La feligresía al pasar junto a él lo acariciaban, lo besaban hasta el domingo 6 de julio, 61º aniversario de la canonización de San Miguel Garicoïts. El jueves 10 por la noche se descompensó.Internado en el Hospital Algerich se le diagnosticó obstrucción intestinal, imposible de intervenir quirúrgicamente por el estado precario de su salud. A las 13.30 del día siguiente recibió la Sagrada Unción y se sumió en un apacible dormir. ¡Muy pronto junto al fuego! La despedida fue sencilla, llena de lágrimas de agradecimiento, de piedad. Desfilaron piadosamente sus scouts, sus guías, alumnos con sus familias y muchos exalumnos de su Escuela, muchos amigos emocionados. Algunos de sus hermanos de sangre: la Hna. Teresa, religiosa de las Hijas de la Cruz, Marta, Juan y Ramón Arce, numerosos sobrinos con sus familias y otros familiares vinieron a despedirlo. Recordaban anécdotas del Padre, hermano, tío, cuñado… siempre tan cercano a todos, que a todos quería casar, que a cuantos pudo dio la Primera Comunión, visitó, amó, agasajó. La mesa de la Eucaristía – presididapor Monseñor Poli, Vicario de la zona Flores y capellán nacional de los Scouts y concelebrada por el R.P. Enrique Miranda, Provincial, el Padre José María Di Paola, decano del decanato Boca Barracas y párroco de Nuestra Sra. de Caacupé, y varios religiosos - nos reunió a todos en la celebración de la Memoria del Señor Jesucristo. En el mismo altar en que Cristo Resucitado fue anunciado y ofrecido tantos años por las manos ungidas del Padre Arce, el mismo Señor Jesucristo, Sacerdote eterno, abrió una vez más sus misterios para alentar a su Pueblo en la esperanza, en la Vida eterna de su Reino y le brindó, generoso, ese su Cuerpo y esa su Sangre, fuerza indispensable, alimento sabroso de todo peregrino en la fe. Y los acentos de esa canción que el Padre Arce tantas veces entonó lo acompañaron en sus pasos hacia ese “Campamento, donde Tú, Señor, has puesto tu carpa y la nuestra”: ¡No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós! ¡Muy pronto junto al fuego, nos reunirá el Señor”! Francisco Daleoso,SCJ
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