in memoriam provincia de francia

27 de octubre de 1922 - 15 de enero de 2008

Tuvo su vida escondida, de la que poco se sabía. El Hno. Yves no evocaba casi su infancia, su juventud, sus pequeños trabajos. Nacido en Bayona, a los 20 años de edad lo encontramos en casa de su abuela en Rieulhes, cerca de Saint.Pé de Bigorre. Una prima es Hija de la Cruz. Y va a Igón como jardinero. La vida no fue siempre fácil para él.

¿Qué sentido, entonces, podía tener su vida? El obrero agrícola se hace notar – a penas – por su piedad. Las Hermanas van a encontrarle entonces otra familia…, Betharram. Tiene 30 años.

Hace el noviciado. El tiempo de la paciencia que va a marcarlo profundamente: ¡era todo tan nuevo! Aprende la fidelidad a los ejercicios de piedad que cumplirá siempre.

Bel-Sito le va a conceder un tiempo de gracia y de apacibles satisfacciones. La naturaleza, la cría de animales, la granja. Pasa del huerto al ordeñe, y sabe muy bien encontrarse ayudas en los jóvenes estudiantes que sólo piden poder evadirse un poco. El Hno Yves juega y se alegra, juega al “jefe”… y el rebaño camina, fascinado. Le gustan las relaciones y son tan variadas como múltiples, desde un tratante de animales con el que cambia sus animales hasta el campeón de Francia de tenis que sabe dejarle unos buenos pares de calzados deportivos. La mamá que viene cada día con su lechera para charlar un rato. Un poco ecologista antes de tiempo.

Lentamente los hermosos días de Bel-Sito se diluyen; hay que ir a Betharram, y por unos treinta años. Algunas penas se hacen cada vez mayores, cuando su campo de acción se estrecha también aquí. Sin gallinero, sin conejos, sin huerto que era tan hermoso y tenía hermosas legumbres. ¿Qué queda? La colina del Calvario, la arboleda de castaños: injertar, cortar, quemar…

¿Cómo definir, a quién comparar un hombre así? A esas flores que necesitan despertarse, orientarse con el sol. Si encontraba una amistad sincera, se explayaba. Si no, daba la espalda. ¡Se le puede perdonar!

En realidad, había en él mucho respeto – hecho de timidez - a veces de desconfianza también, de austeridad, de sobriedad, de resistencia al mal. Sabía lo que era estar a cargo de la sociedad. No quería pesar más sobre ella. ¿Cuidados? Los mínimos. Era su pequeña nota salvaje. Pero, ¡cuántos secretos semiguardados, y cuántos recuerdos habría aún que evocar! ¡Sí, Hermano Yves!

Gabriel Verley,SCJ