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12 de mayo 1926 – 9 de noviembre de 2007 |
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Tuviste lo que quisiste… La silenciosa partida luego del desayuno, tan silenciosa como inesperada, tuviste perfil bajo, la compañía de unos pocos a quien apreciabas, la cercanía de muchos a quienes no permitías que te vieran, y el ahogo de tu presencia. Te fuiste en silencio, sin avisar, sin molestar, como querías…. Las horas te fueron espantosamente largas y placenteramente cortas: el almuerzo con Sandra, la compañía de Sergio y Alejandro, la certeza y la eficiencia de la oncóloga, la humanidad y la dulzura de las enfermeras, los postres de Matilde, la foto de Virginia, los chocolates de Gonzalo… Tu sueño no fue interrumpido, ni siquiera por el Arzobispo que dio paso a tu prolongada siesta. Tuviste lo que quisiste…El Sagrario, la soledad nocturna, los días sin suero, el reparto de tus pertenencias en vida, y la conciencia plena del saber que pronto te irías. Creo que nunca imaginaste los cientos de rostros de preocupación y desasosiego que generaba tu ausencia. Y comenzaste tu sueño eterno descansando la última noche en la capilla de tu querido colegio, tal vez en compañía de Jesús, o de José, o de María, Tal vez… Pero tuviste lo que quisiste, Dios te otorgó el sentir de su Presencia que tanto le solicitaste, 44 noches de agonía, como Jesús en el desierto, como San Miguel en Betharram, como Etchecopar en Roma, o Sor María en Palestina. Que en paz descanses Religioso Educador de Betharram. Gustavo Angalora,SCJ |
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¡Hasta siempre, Padre Miner! "¡Alma de Cristo, santifícame! ¡Cuerpo de Cristo, sálvame! ¡Sangre de Cristo, embriágame! ... por los siglos de los siglos! Amén" – con una vocecita pausada y apenas perceptible rezaba y rezaba y rezaba los últimos días de su carrera por esta tierra el Padre Domingo Míner. Así se entregaba a ese Cristo, cuyos misterios de muerte y de vida tantas veces había celebrado. Y a las 10 de la mañana del viernes 9 de noviembre partió a la Casa del Padre. Sumamente discreto en comunicar sus penas y sentimientos, asumió consciente y en silencio un cáncer de hígado que, unido a una diabetes rebelde, lo fue carcomiendo, implacable, durante más de dos años. Aproximaciones biográficas El Padre Míner, el menor de ocho hermanos, nació el 12 de mayo de l926 en una familia de profunda fe cristiana. Como su hermano mayor Joaquín, que entró en la Congregación de los Padres Claretianos, él también sintió la vocación al sacerdocio, pero ingresó en Betharram. Su madre, Doña Fausta, muy orgullosa solía repetir: “Di uno de mis hijos al Sagrado Corazón, Domingo, betharramita, y otro al Corazón Inmaculado de María, Joaquín, claretiano. Su única hermana es también religiosa, de las Adoratrices del Santísimo Sacramento. Ingresó al Apostolicado de Barracas (nuestro seminario menor) el 20 de febrero de 1937. Continuó sus estudios de Filosofía y Teología en Villa Betharram, Adrogué, donde fue ordenado sacerdote el 20 de noviembre de 1949. Su primer destino fue el mismo Apostolicado de Barracas. Se fue iniciando como profesor de Castellano, de Latín, de Griego e Historia. Y también como Prefecto de disciplina. El 20 de febrero de 1957 a los 20 años exactos de su entrada a la Congregación, fue designado ecónomo del Colegio San José de La Plata. Fue primero profesor de Castellano, más tarde también de Catequesis y Prefecto de disciplina. En 1984 fue nombrado Rector, cargo que en 1990 lo obligó a dejar su apreciada cátedra de Castellano. Pinceladas Sacerdote piadoso y fiel, celebraba la misa con unción, y breves y jugosas homilías. Buen religioso, de formación clásica, amó de corazón a la Congregación. Aceptó la Administración Provincial en los difíciles tiempos de la reconversión de las obras. Solo Dios sabe lo que sufrió en tan intrincada tarea. Su tumba guarda ciertamente muchos dolores secretos en este campo. En Pastoral - que reconocía no era su fuerte - buscó ayuda y aceptó gustoso colaboración. Hombre recio, de convicciones firmes, exigente con los demás, pero mucho más consigo mismo, se destacó por su amor a la verdad y a la honestidad, al trabajo y la organización, al orden y a la disciplina. Lector metódico, buscaba estar al día en todo lo referente a su tarea de profesor, abierto a cuanto podía servirle. Disfrutaba compartiendo sus hallazgos con hermanos religiosos, colegas docentes, alumnos, amigos. Deportista de alma, practicó varios deportes, pero sobre todo el fútbol: jugó semanalmente hasta bien pasados los 70 años. Cultivó la amistad: cuantos se granjearon su afecto gozaron de su confianza, de su fidelidad, de sus atenciones y delicadezas, de su jovialidad y de su buen humor. Apostó con toda su capacidad a la educación católica, muy competente en el aula, y muy respetado como Prefecto. Observador detallista, descubría hasta los menores deslices de alumnos, docentes, padres de familia, y en general de todo personal a su cargo. Era implacable. Pero nadie podría tacharlo de injusto. Al contrario este actuar firme y coherente le ganó reconocida autoridad, aprecio y respeto. Entre los alumnos y exalumnos quedará para siempre marcada a fuego su particular visión de la educación y sus originales y efectivos métodos de disciplina que incluían, por caso, la ausencia de castigos tradicionales, como las amonestaciones. “Tratamos de corregir la indisciplina sin necesidad de llegar a ninguna sanción” – dijo alguna vez. Monseñor Plaza, arzobispo de La Plata, que mucho lo apreciaba, solía repetir que el Padre Míner “manejaba el colegio con el dedo meñique”. ¡Hasta siempre! Desde de julio de este año – él, cada mañana presente para recibir a alumnos y docentes , comenzó a replegarse poco a poco: al ambiente de la Comunidad religiosa, a su cuarto, a su cama, a su cruz, a su altar... Falleció después de 40 días de internación en la clínica Mater Dei de La Plata, cuidado con sumo esmero y cariño por el Hermano Gustavo Angarola. su exalumno y el primer confidente de la vocación que lo llevó a ser Hermano religioso betharramita. Con el Padre Míner termina esa generación de sacerdotes betharramitas docentes de corazón que se dedicaron exclusivamente a la educación en nuestros colegios y dieron en esa tarea el todo por el todo. ¡Tu eres sacerdote para siempre! El mismo altar – en que él durante cincuenta años celebró los Misterios de Jesús a alumnos, docentes, familias – fue la mesa de despedida de su querido Colegio San José. La asamblea – religiosos, dos sacerdotes del clero diocesano, directivos, docentes, alumnos, familias, amigos – colmó la Capilla, iluminada a pleno, y celebró con su oración, con su silencio, con su escucha, con su canto, con su unción, una vez más los Sagrados Misterios:
Y cantando “A la Virgen bella... y de Betharram” desfiló la larga procesión del último adiós: saludos, reverencias, apretones de manos, besos, lágrimas (hasta de alumnos del secundario...!) recibió el cuerpo yerto, del Padre, del Maestro, del Amigo, del Sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram: “Tu eres sacerdote para siempre, Mediador entre Dios y los hombres”. Paco Daleoso,SCJ |