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Dos discípulos caminaban hacia un pueblo llamado Emaús, a dos horas de camino de Jerusalén… mientras hablaban, Jesús mismo se acercó… (Lc 24, 13 ss.) El camino de Emaús el Padre Pierre Lagouardat lo había recorrido quizás a pie, pues fue en Emaús en donde pronunció su compromiso perpetuo como religioso del Sagrado Corazón. En Emaús, todo está lejos de acabar. Más bien todo recomienza. Marcado por Cristo Sacerdote, el Padre Pierre, tras seis años de Tierra Santa, no podrá volver a Jasses para su primera misa. Es la guerra, los viajes en barcos son peligrosos en ciertas zonas. Entonces… dirección hacia Argelia-Casablanca, y ahí lo tenemos en el primer equipo del Colegio Carlos de Foucauld, Sonis también, y pasará un año en los comienzos de fundación. Hay que dejar África del Norte, la familia en el Bearne. Para él empieza, con aprensión, su misión en el Paraguay. En definitiva, vivirá allí como en el paraíso, activo, generoso y apreciado. Su cargo de párroco lo pone en contacto con gente de toda edad. Velará más bien sobre las personas ancianas. Después de ya cerca de 50 años, ¡qué duro fue dejar ese rincón paradisíaco, en donde convivió largamente con el “Paí Sobá”, ese maravilloso hijo de Lestelle-Betharram! Pero para el Padre Pierre, Lestelle no es su rincón. Hay que construirlo en ese lugar que va a ser, cada vez más, la casa de retiro, su horizonte más corto y las dependencias… para él que resplandecía de independencia. Hacer florecer la paciencia en medio de mil causas de impaciencia. Aceptar no tener todo en seguida. Entrar en una cierta soledad, incluso en medio de sus Hermanos. Adivinar todavía que allí de donde viene, la vida también ha evolucionado… “el colegio de mi época”… “la parroquia de cuando yo estaba”… Esta impresión de que “si hubiera quedado, al menos las cosas no habrían llegado a lo que han llegado.” La desesperanza de los discípulos, en la mañana de Pascua. La pesadez del ser de carne, pero de una carne trabajada por el Espíritu… espíritu lento a creer totalmente. Y esta pregunta: “Pedro, ¿me amas?” Y, con una pequeña lágrima en el ojo: “Sí, Señor, tú sabes todo. Tú sabes bien que te quiero”. Gabriel Verley,SCJ Betharram, 27 de octubre de 2007, introducción de los funerales |