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| 8 de febrero 1925 - 26 de mayo 2007 |
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Aurora de una vocación El Padre Eugenio Amitrano vio la luz de este mundo en una casita de la calle Aristóbulo del Valle de la porteña República de Barracas el 8 de febrero de 1925. Sus padres, - de mismo apellido sin ser para nada parientes, - don Antonio Amitrano y doña María Amitrano, pronto cruzaron el Riachuelo y se establecieron en el humilde barrio de Piñeyro, partido de Avellaneda. Eugenio es el 6º de ocho hijos del matrimonio Amitrano Amitrano (dos angelitos los habían precedido en Italia): Ángela, (ya fallecida, que fuera religiosa de la Santa Unión), Rita, Antonio, Lidia y Juan. Al llegar la edad escolar, fue anotado en la “Universidad del Padre Fourcade” como llamaban a la Escuela Sagrado Corazón, regentada ya en esos años por la sabia prudencia del inolvidable Padre Teodoro Fourcade. El ojo visionario de este gran sacerdote betharamita, descubrió en el corazón del niño Eugenio – como en otros - la vocación sacerdotal. Así Eugenio – a los 12 años - pasó de la Escuelita al Apostolicado ( es decir, al seminario menor que la Congregación tenía en el gran caserón adjunto) para hacer 6º grado. De brillante inteligencia, siempre se destacó en los estudios. Desde muy joven sobresalió así mismo por sus habilidades para la música y para las tareas literarias y plásticas. Hizo su noviciado en los pisos superiores del caserón de Barracas y fue uno de los fundadores del Escolasticado de Adrogué el 5 de febrero de 1945, con los padres Domingo Míner, Enrique Lasuén, Roque Puyelli, Alberto Larrañaga y otros. Al ver su capacidad de estudio y de idiomas, los superiores adelantaron su ordenación sacerdotal para enviarlo a Roma. Fue ordenado sacerdote por Mons. Miguel de Andrea, obispo titular de Temnos, el 24 de Septiembre de 1949, Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, en el templo parroquial de Santa Juana de Carco, en la localidad de Ciudadela, en el Gran Buenos Aires. En Roma se recibió de Doctor en Teología a fines de 1951 en la Gregoriana. Estando en la Ciudad Eterna, vivió intensamente el Año Santo 1950 y la proclamación, por Pío XII, del Dogma de la Asunción de la Virgen María.
Inicio pastoral: tareas, empuje. De regreso a la Argentina, el flamante doctor en Teología comenzó su trabajo sacerdotal en el Apostolicado de Barracas. Siendo superior de los Religiosos y director de los apostólicos el Padre Darío Rodríguez, en marzo de 1952 el P. Amitrano fue nombrado Director Espiritual de los seminaristas, que en ese tiempo cursaban todos los estudios secundarios en el mismo Apostolicado. Además se ocupó del coro y de clases de latín, griego, francés, botánica, psicología, filosofía, piano y actividades prácticas. Asesoró también a la Congregación Mariana. En 1960 fue nombrado Superior de la Comunidad y director de los apostólicos. Buscando formar mejor a los seminaristas con títulos oficiales, creó en l964 el Colegio Secundario con alumnos externos, que desde 1971 se transformó en la Sección Secundaria del actual Instituto Sagrado Corazón. En 1966 fue nombrado cura párroco de la Basílica, necesitada también en esos años de una buena reparación. La encaró con su peculiar empuje. Para ello, además de la empresa que tomó a su cargo los trabajos de reparación que duraron unos años, convocó a un importante número de vecinos y feligreses que, con gran entusiasmo, colaboraron en la obra de la reapertura al culto público de uno de los mayores y mejores templos porteños. Aprovechó la ocasión para adecuarla a las normas litúrgicas del Vaticano II: respetando el estilo de la basílica, ideó el altar cara al pueblo, la despojó de agregados inadecuados, iluminó las bóvedas con las actuales luces de cuarzo, creó el camarín del Sagrado Corazón, limpió la cripta y la rehabilitó para las misas diarias. Repasemos algunas de las incontables las iniciativas de esos años: Se propuso renovar el laicado con los Cursillos de Cristiandad. Él mismo hizo el cursillo y llegó a ser asesor arquidiocesano de la Escuela de Cursillos. Dio notable empuje a la formación de los numerosos novios que atraídos por el esplendor del templo, venían para celebrar su boda. Fundó la escuela de acólitos ( un tiempo también con acólitas), que fue muy solicitada para sus servicios litúrgicos, incluso desde la Catedral Metropolitana. Fundó el Ateneo del Sagrado Corazón, un lugar amplio y arbolado, para el esparcimiento de la vecindad y la feligresía. Remozó el mobiliario de los diversos ambientes parroquiales: el Círculo Femenino, las aulas, los despachos del párroco, de la secretaría, construyó el microcine y otros salones. Cada Navidad sorprendía a la parroquia con monumentales pesebres, que se hicieron famosos en toda la ciudad. Iniciativa que luego llevó a la iglesia de San Juan Bautista en la Capital, a Adrogué, a Rosario... En 1992, después de más de 25 años, se aleja de su querido Barracas. Pasa un año en la iglesia San Juan Bautista y en 1993 es enviado a Villa Betharram, Adrogué, como Maestro de Novicios. Con su peculiar entusiasmo, desplegó su servicio a la diócesis de Lomas de Zamora: al Obispo, a las parroquias vecinas, a la Junta de Religiosos, a los Cursillos de Cristiandad, a las comunidades religiosas. En 2001 es nombrado superior de la Comunidad de Rosario. A los dos años, debilitado ya en su salud, quiso volver a su querido Adrogué. Fue como el “patriarca” de la Casa de Formación, del Noviciado regional con su amigo y condiscípulo el P. Enrique Lasuén. Pasó 3 años fecundos de oración, de testimonio de religioso enfermo, marcado por el sello de la cruz. Concelebró la misa cada día, hasta que su salud le permitió levantar su brazo, aunque ya la voz apenas se escuchaba.... Llevaba minuciosa cuenta de sus misas. El último registro data del 19 de octubre de 2005: 25.496!... pero sin duda superó las 26.000!
Pinceladas de un hombre, de un pastor, de un betharramita El Padre Eugenio, de muy buena salud, vigoroso y alegre, se deleitó con el buen cantar, el buen decir, el buen cocinar... no perdió ocasión de hacerlo y con muy buen gusto. Desde los ricos churros para las mateadas en el patio o en la quinta, hasta los inigualables guisos de palomas, de liebres cazadas por los seminaristas en los campamentos de Tandileofú. O las ensaladas tan variadas como sabrosas. O las piernas de cordero, bien condimentadas y asadas, que se degustaban en paseos por las Sierras tandilenses. Empanadas, pastelitos, tortas fritas, .. y no podían faltar, como buen hijo de Italia, las riquísimas pastas, la polenta... ¡Sin olvidar las mariscadas... picantitas...! Amigo del buen escribir, desde chico cultivó la buena lectura, la poesía, el teatro. En sus años de secundario, animó la revista interna Albores, siendo escolástico en Adrogué, Ecce Venio, Más tarde, ya sacerdote, dirigió la publicacion de Ave María, revista mensual de la Congregación mariana. Animó durante muchos años la Academia Literaria de los apostólicos. Logró éxitos notables por representaciones teatrales: sainetes costumbristas, y las zarzuelas, que tanto esfuerzo y dedicación le exigían. Sería muy interesante recopilar algunas de sus numerosas poesías... ¿Dónde las habrá sembrado? Amante de la buena música, deleitaba con su voz, sus canciones religiosas, folclóricas, clásicas, polifónicas... en latín, en español, en italiano, en francés... Se destacó en ejecutar la flauta, el piano, el acordeón, el órgano... Fue director del coro, que engrosado por los escolásticos de Adrogué, tuvo grandes actuaciones en nuestra basílica y en diversos iglesias y salones, como la Iglesia del Salvador de Buenos Aires, el Teatro Argentino de La Plata, ... y se cantaba gregoriano, villancicos, polífónico a 4 voces... Hombre de buen corazón, cultivó grandes amistades: · Con religiosos, los Padres Domingo Míner, Enrique Lasuén, Antonio Cófreces... Los padres Alberto Larrañaga y Eduardo Muré, que abandoraron el ministerio, pero que nunca la amistad con él... · Con miembros del clero diocesano, entre los que merecen especial mención los Cardenales Juan Carlos Aramburu y Antonio Quarracino; los obispos Domingo Castagna, Horacio Bózzoli, Rodolfo Laise, Mario José Serra, Desiderio Collino y numerosos sacerdotes del clero secular de Buenos Aires, de Lomas de Zamora y del interior del país.. · Con incontables laicos de la Parroquia, de los Cursillos de Cristiandad de Buenos Aires y de Lomas,del Rótary Club de Barracas, de la Asociación Vecinal República de Barracas... que lo recuerdan con agradecida veneración. · Con los parientes de los fundadores y donantes de la Basílica, del gran edificio del Apostolicado y de la Escuela adjunta, Don Leonardo Pereyra y Doña Antonia Iraola. Los invitaba en cada aniversario y los agasajaba con delicadeza. Durante muchos años celebró la misa mensual en la bóveda de la familia. Pudo cumplir uno de los sueños de la familia: que los fundadores y algunos privilegiados parientes descansen en la cripta de la basílica · El Padre Amitrano supo acompañar muy cerca a su familia: a sus padres: Don Antonio y Doña María, siempre objeto de su cariño, de sus visitas, de su ayuda. Los despidió con abundantes lágrimas y más misas y oraciones. De sus hermanos Antonio y Juan, de sus hermanas, Rita, a quien consiguió trabajo en la Comunidad Religiosa, a Lidia, a la que asoció a trabajos de reparación y confección de ornamentos de la basílica. De sus numerosos sobrinos y sobrinos nietos, a quienes administró el bautismo, la confesión, la comunión, el matrimonio.. asoció a la Escuela de Acólitos... y siempre mimó con cariño... esperando que alguno quisiera ser sacerdote de Betharram. Todos esperaban algún regalito del “tío Padre” Predicador notable: su fama llegó a diversos ambientes. Fue requerido varias veces a predicar en el Te Deum de las fiestas patrias en la Catedral metropolitana. Son incontables los cursillos que animó, retiros, misiones por el interior: Novenas en las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Santiago del Estero, San Luis... Sacerdote celoso, ardientemente celoso: corría al primer llamado de un enfermo, sea de día o de noche, hiciera buen o mal tiempo. Confesaba mucho: en su confesionario, o en cualquier parte. De pie, sentado, caminando... ¡Cuántos peregrinos recuperaron la gracia de este celoso sacerdote peregrino del Sagrado Corazón, de María de Luján! Muy solidario con sus colegas: jamás decía no, cuando se trataba de reemplazar para una misa, una celebración... y así hasta el final en Adrogué, como la había hecho siempre en Barracas. Cruz y gloriaEl Padre Eugenio tuvo que luchar siempre con su temperamento sanguíneo e impulsivo... no dejó de pedir disculpas, aun públicamente, cuando veía que había herido a alguien... El Sagrado Corazón, como buen Pastor, fue modelando su corazón a su mejor estilo... le pidió el despojo, el desarraigo... Mucho le costó dejar a su querido Barracas después de más de 25 años de dedicación pastoral, de grandes amigos, de logros notables... “El voto de obediencia es el que más nos cuesta” – solía repetir a su familia, siempre cercana a sus afectos y requerimientos. En su última etapa de Rosario. tocado ya con el sello de la enfermedad, quiso volver a su querida Villa Betharram de Adrogué... El Sagrado Corazón siguió cincelando a su elegido. Y éste –como buen hijo de San Miguel Garicoïts- se dejó conducir a “donde no quería”: Fue entregando sus piernas que incansables tantas peregrinaciones habían recorrido... “Sencillo como la paloma, pero con la astucia del evangelio” él mismo pidió la silla de ruedas, cuando con el bastón ya no pudo manejarse... Pasó a depender de otros, pero no por eso dejó de prestar servicios al alcance de su salud, de su piedad, de su celo sacerdotal... Fue entregando su voz. ¿Quién no recuerda esa voz privilegiada que colmaba las naves de nuestra Basílica sin micrófonos?... Se fue callando y acallando, piadoso,. rumiando como María y con María, en el silencio de su corazón, el misterio del “aquí estoy” en su vida de consagrado hasta el final. Y al caer de la tarde del sábado 26 de mayo, día de María, desde sus tiernos brazos maternales, nos dejó para celebrar con la Iglesia celestial al Santo Espíritu de Dios, fuente insondable de vida y de amor. Con el Padre Amitrano va desapareciendo un modo de vivir la vida betharramita, la vida sacerdotal, un modo de ser Iglesia de Jesús. ¡Ojalá nosotros tengamos la misma generosidad y el mismo empuje que él para lograr ser la Iglesia que Jesús quiere al comienzo del tercer milenio! Francisco "Paco" Daleoso,SCJ |