|
|
|
||
|
María dijo entonces: “Yo soy la sirvienta del Señor: que se cumpla en mí tu palabra.”(Lc 1,38) Dejemos hacer al Señor”. Esta frase del P. Alessandro la tenía a menudo a flor de labios; incluso cuando alguno de nosotros le preguntaba qué sentía al ver vacío el seminario: “dejemos hacer al Señor” – decía. Acto de fe, pero no de echarse atrás. Al contrario, era la expresión de su plena disponibilidad y de su abandono a Dios que guía todo con su amable mano. Como el patriarca Abrahán, con esta fe, parte, con diez años, para estudiar en Betharram, y vuelve a Italia desde Tierra Santa, sacerdote, en 1938. Así inicia, con nada, su peregrinación de fundaciones desde Colico a Albiate, Monteporzio y, finalmente, Albavilla. Aquí se estabiliza, incluso si, a través de esa descendencia numerosa de jóvenes sacerdotes que él ha formado, pasa por varias regiones de Italia, América Latina, Asia, África, llegando hasta las zonas marginales de los enfermos del SIDA. Su actuación como confesor y director espiritual ha marcado con su impronta a muchas personas, incluso laicos. Y aunque en sus últimos años parecía hacer de “perezoso” como decía, ha hecho mucho con la oración: “Rezo para que obres bien”. Sin olvidar que, en realidad, el P. Alejandro era capellán y apreciaba a las personas hospitalizadas en la casa de descanso Opera Pia Roscio. La peregrinación más auténtica el P. Alessandro la estaba realizando en su vida interior, y estaba marcado sobre todo por cuatro características: - la mansedumbre: su buen carácter siempre ha tratado con bondad a las personas. En estos últimos tiempos, en el hospital, cuántas veces decía: “sean amables…” sean amables”: una palabra que dice todo el respeto que el P. Alessandro tenía por los demás, hasta el punto de pensar antes en ellos que en si mismo. - la sonrisa y la acogida: recibía siempre a las personas con la sonrisa en los labios, y nunca se ha negado a nadie. El P. Alessandro era un hombre contento, contento de su vocación que agradecía siempre al Señor por habérsela dado. - la presencia: Estaba siempre presente. Era su modo de educar. No se educa con muchas palabras, decía, sino con la presencia. Porque los chicos aprenden de nosotros. - la sencillez. Hay un hilo de oro que ha tejido su existencia como para cumplir un designio: la Encarnación. La tradición de Oriente ve a la Anunciación con el Ángel ante María con los abrazos abiertos y en la mano derecha un ovillo con hilo rojo de sangre llega al seno como para tejer en ella al Hijo de Dios, la Vida eterna, la Vida divina. De este Misterio de un Dios que se hace carne para hacernos iguales a Él, en una Vida como la Suya y que lleva el nombre de Jesús que dice al Padre: “Aquí estoy”; de este Misterio de Amor eterno y tierno, misericordioso y fiel, heredado de S. Miguel Garicoïts, el P. Alessandro ha tratado de seguir los pasos en el deseo profundo de alcanzar la promesa de la Santidad, incluso en la humildad de su misma persona y experiencia. Ser Santo. El P. Alejandro volaba alto en los ideales de su vida... misa de funerales, iglesia de Albavilla, 27 de marzo de 2007 |
||