Padre

Raymond

Laulom

30 de mayo de 1921 - 24 de febrero de 2007

Nacido el 30 de mayo de 1921 en Mugron (Landas), Raymond Laulom siguió una trayectoria de formación "clásica" para los religiosos de su tiempo: noviciado en Balarín (Gers) y primeros votos en 1939; seminario de teología en Tierra Santa: profesión perpetua en Belén, ordenación presbiteral en Jerusalén (29 de junio de 1946).

Ha desarrollado su vida de religioso-sacerdote de manera peculiar. Como sacerdote, estuvo en China desde febrero de 1947 a octubre de 1952. El régimen comunista lo expulsó, como a otros colegas. Luego su vida estuvo bien movida: algunos meses aquí, dos o tres años allí; con una estancia  (1961-1973) más larga en la región parisina como capellán del Liceo Lakanal en Sceaux (diócesis de Nanterre).

Durante mucho tiempo estuvo en su casa, teniéndola sin embargo abierta a los colegas que le pedían hospitalidad; le gustaba ir a Sarrance, y se hizó su historiador, a su manera. En 2001, decidió venir a la comunidad de la Casa Nueva, nuestra Residencia de ancianos. Pensaba estar allí poco tiempo: ¡en todo caso, menos de cinco años!

En 2005, creía que había llegado su hora, sentía que sus fuerzas lo habían abandonado; luego se recuperó y recomenzó sus paseos diarios. Últimamente se iba debilitando y se fue apaciblemente, el sábado pasado, 24 de febrero de 2007. (P. Beñat Oyhénart, Superior Provincial de Francia)

Dulce y buena madre de los sanos y los enfermos,

 y de los que llevan la hermosa corona

y de los que van con los pies descalzos...

 Nuestra Señora de Sarrance

El Padre Laulom quería ofrecer el ascensor a los Padres de la casa de retiro. Y funcionaba, ¿pero lo habrá utilizado? Leo algo de su vida personal. Fue un hombre de subidas y bajadas, y vuelta a subir. A través de sus lecturas mismas, le gustaba hurgar en la Historia, de siglo en siglo, de rey en rey, y hasta los orígenes romanos de nuestra historia: ¡qué mirada!

Para los habitantes de Lestelle, los de las afueras, hacia la Cruz de las Alturas, era aquel hombre que, a horas curiosas, en que nadie está afuera, escalaba en pleno mediodía las colinas, vestido no menos curiosamente, con el torso desnudo si el tiempo lo permitía. El intendente se inquietaba por este hombre tan constante y, sin embargo, desconocido… ¿de dónde salía?

Para nosotros: un hermano, a la vez fuerte y frágil, como nosotros; tiene bajos y altos, también él. Niño, dicen que cantaba admirablemente. Surgían brillantes resplandores de inteligencia… un investigador siempre crítico, ávido y también decepcionado, saltando totalmente decidido a enfrentar, pero a la vez abatido, y luego levantándose, asombrándonos a todos… Hasta agotarse, esta vez fatalmente. Nada era verdaderamente claro, lo rodeaba una cierta noche.

Para su familia: era el sobrino del célebre canónigo Lahitton, cuyos estudios sobre las vocaciones habían hecho época. ¿El tío estaba por algo en esa opción de vida?

Para Dios: “Un hijo de Dios”, como nosotros, marcado por la gracia como nosotros, marcado por el pecado como nosotros. La ascensión hacia el Padre estaba a menudo en la niebla… y regresaba difícilmente hacia sus hermanos.

En la tierra, lo sabíamos, le gustaba pasar su descanso en Sarrance, objeto de sus investigaciones, en el corazón del valle de Aspe.

En el cielo, su descanso… en el misericordioso amor del Padre. “Vengan, todo está dispuesto para el banquete”.

Entonces, el ascensor será siempre para nosotros un pequeño lugar de oración por nuestro hermano. Que nos ayuden, los dos, a subir hacia Aquel que conocemos… tan mal.

Gabriel Verley,SCJ

testimonio hecho dado en la vigilia de oración.

Comunidad de la Casa Nueva, 26 de febrero de 2007