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Padre Jean Laborde-Turon 25 de octubre de 1910 - 15 de enero de 2007 |
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En a aurora de mi sacerdocio, me he ido con un gran proyecto: el de vivir el Amor y anunciarlo. Hace tres meses, el Padre Laborde-Turon había iniciado su 97º año. Con su hermano José (…) era el gran Tío. Con tanta más edad, si se puede decir, que muchos decesos ocurridos estos últimos años… A toda la familia dirigimos nuestro pésame fraterno por ese islote que ha penetrado en el océano de Dios. Fraterno, porque su segunda familia la había elegido al fin de su noviciado, en 1928; cerca de 80 años en medio de nosotros. Y teniendo que responder a diversos llamados de sus superiores, ha integrado muchas comunidades… no siempre comunidades numerosas. A parte de su larga estadía de sus catorce últimos años en la Casa de jubilados, fueron las comunidades de Sarrance (10 años en el Monasterio), de Limoges (5 años en el colegio Ozanam), la comunidad parroquial de Lestelle (12 años entre ustedes y a su servicio en la parroquia de Lestelle), las que han visto al Padre Jean Laborde madurar y darse. En cada uno de esos lugares, los miembros de las comunidades saben bien que su hermano ha aportado generosidad y fe. En Lestelle, ustedes los “jóvenes” de aquel tiempo, lo saben bien. Cuánto los ha querido, lanzándolos, en su joven organización de los Izards, a divertirse con juegos recreativos compartidos. Como sacerdote, ha llevado adelante su misión. Escribía [en sus 50 años de ordenación sacerdotal] “Simplemente reconocer que, en toda vida, hay un amor que precede, que sigue, que abraza. Eso es verdad en la vida de todo cristiano, pero sin ninguna duda más especialmente en la vida del que está llamado al sacerdocio. No entiendo mi vida de sacerdote sino por un llamado, una invitación, a las que, a lo largo de mi vida, he tratado – imperfectamente por supuesto – de responder… con esta profunda certeza de estar conducido por alguien que quiere mi felicidad… no una felicidad rebajada, sino una felicidad con las dimensiones de Dios”… “El futuro quisiera vivirlo aún como traté de vivir mi ideal, con las convicciones que me han acompañado plenamente… y eso… hasta mi último día”. Y esta palabra de esperanza, añadida al recordatorio de su muerte, que concluía su testimonio: “¡Que el mundo sea mejor, porque yo he pasado por él!” Gracias, Padre Laborde, gracias todavía por esa última invitación a vivir mejor. Gabriel Verley,SCJ Homenaje póstumo ofrecido al principio de las exequias, el 17 de enero en el Santuario de Betharram |
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