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Padre Cyril Hazlewood 12 de mayo 1913-10 noviembre de 2006 “Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos y otro te atará y te llevará a donde no quieras”. (Jn 21,19) |
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Esta escena ocurría a orillas del lago de Galilea, un lugar bien conocido por el P. Cyril. Pertenecía a la última generación de los padres betharramitas formados en Tierra Santa: en efecto, luego hemos estado formados en nuestros países de origen. En nuestra provincia era, pues, el último de los que habían conocido el Antiguo régimen. Era, incluso, el último de aquellos que habían conocido a padres y a hermanos que, a su vez, habían conocido personalmente a San Miguel. Representaba el fin de una época. Aunque había tenido una existencia larga y activa, todos saben que estos últimos ocho años han sido muy dolorosos para él, después de que la enfermedad lo privó de la pierna derecha. Las palabras de Jesús se han convertido para Cyril en una dolorosa realidad: “cuando eras joven... ibas a donde querías, pero cuando seas viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá el vestido y te llevará a donde no quieras…” Ha vivido estos ochos años de no autosuficiencia como una cruz muy pesada de llevar. Para el P. Cyril, la fidelidad a los votos ha sido como su propia salvación, y lo ha llevado a recorrer casi la mitad del globo terrestre, ida y vuelta. Nacido en 1913, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la obediencia lo llevó, todavía muy joven, a Betharram, luego, en 1940, a Jerusalén. Enseñó durante dos años en el Seminario patriarcal de Beit-Jala, antes de volver a Inglaterra. Pero se estaba en plena Segunda Guerra Mundial. No era tan sólo peligroso viajar sino que se necesitaba también emprender itinerarios tortuosos. La ruta del regreso pasaba por el sur de África, pero el barco había sido torpedeado en el Océano Índico. El P. Cyril ha navegado a la deriva por dos días sobre un bote de salvamento con sus compañeros de desventura. Rescatado por la Marina de su Majestad, se ha visto en Durban, en donde ha trabajado varias semanas antes de embarcarse en un barco que hacía la ruta hacia Glasgow. Habiendo perdido todos sus efectos personales en el naufragio, la Marina le había provisto varias prendas de vestir. Se pueden imaginar la sorpresa de sus familiares cuando vieron llegar a Birmingham a su novel sacerdote vestido de marinero. Durante los siguientes 60 años, la vida lo llevó a Droitwich, en donde enseñó francés durante varios años, luego, al apostolicado de Sambourne, siempre como docente; luego, a la parroquia del Santo Nombre de Jesús, en Great Barr, donde realizó su ministerio por 10 años. Los que lo conocieron lo recuerdan como una persona honesta y consciente y muy trabajadora: éste es el estilo de servicio vivido durante muchos años como ecónomo y docente.
En Dellancey (Guernesy), después de la muerte del P. Philip Ilsley, se ofreció voluntario para el puesto de Párroco a la edad de 75 años, y ha pasado allí nueve años ricos en frutos. Con gran admiración de sus hermanos ha incursionado en otros campos y ha adquirido nuevas habilidades. Visitaba a sus parroquianos regularmente incluso cuando no podía ya manejar su auto, fue un predicador que cautivaba, alentaba a los jóvenes y organizaba una buena catequesis para todas las edades. Con gran admiración de la Diócesis de Portsmouth, construyó una nueva escuela parroquial, y saldó todas sus cuentas antes que el primer alumno entrara en clase. Era siempre muy modesto respecto a sus éxitos en parroquia y los atribuía al trabajo de la gente que tenía a su alrededor. Era muy querido en Guernesy y los parroquianos han mantenido siempre contacto con él. Ha considerado esto como el período de su vida más rico en frutos. Cuando vino a Olton, en 1998, sabía que iba hacia el final y era su gran deseo morir en casa y no entre extraños. Y esto ha sido posible gracias a la ayuda y a la generosidad de diversas personas de la comunidad y de la parroquia de Olton, a pesar de su gran fragilidad y su gran necesidad de curas médicas. Pero para volver al Mar de Galilea: Jesús ha hablado a Pedro sobre la salvación y luego le ha dicho “sígueme” Pedro lo ha seguido y lo mismo Padre Cyril. Lo ha seguido durante 93 años y ahora ha encontrado la compañía del Señor que primeramente lo ha llamado, no para un picnic sobre la orilla del lago sino para un banquete en la Jerusalén celestial, en donde todos los santos cantan las alabanzas del Señor. Superior provincial de Inglaterra |
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