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El hombre que ha dicho sí al Señor P. Xavier Ponthokkan,SCJ 4 de junio de 1962 - 13 de octubre de 2006 |
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A casi 45 años, lleno de vida y desbordante de energía, el P. Xavier Ponthokkan nos ha sido arrebatado trágicamente. En el camino de regreso de Andra Pradash a donde había ido para arreglar algunos asuntos, ha sido víctima de un accidente de la circulación, entre Anantapur y Bangalore. Este drama ha sumido en el dolor a todos los que han conocido a este sacerdote jovial. Mientras celebramos esta eucaristía implorando la misericordia del Señor sobre su servidor, cuando estamos reunidos para rendir homenaje a su cuerpo sin vida tendido delante de nosotros y con sus años todavía llenos de juventud dedicados a los demás, el P. Xavier parece decirnos: “Sean felices”. Nuestra felicidad hubiera sido que el P. Xavier quedase con nosotros para que siguiera animándonos en nuestra opción por una vida consagrada al servicio del prójimo. Sin embargo, hoy las cosas han cambiado; este bueno y fiel servidor está ahora en el paraíso, en donde goza de la visión beatífica. Sigue, pues, dándonos coraje por el ejemplo de su vida. Si estamos aquí por el P. Xavier no es él quien nos ha conducido, sino el Señor. Nos ha reunido en torno a los restos mortales de nuestro querido Hermano, que nos mira desde el paraíso, con una sonrisa de contento y una alegría inefable. El P. Xavier fue un servidor bueno y fiel. Para quienes se han cruzado en su camino, era a la vez acogedor, animador, entusiasta, generoso, afectivo y magnánimo. En su presencia todos nos sentíamos importantes. El P. Xavier no era perfecto, pero, en su imperfección, se esforzaba por parecerse a Dios, y a compartir con los demás ese amor que había recibido de Dios. En sus actividades como en su vida personal, procuraba siempre tener un momento para conversar con los jóvenes y también con los más ancianos. Nuestro hermano
betharramita tenía proyectos optimistas sobre el futuro de la Congregación para
empezar nuevas misiones en las regiones más difíciles de Oigo aún los propósitos que me confiaba justo tres días antes de su muerte trágica: “Biju, estoy muy cansado y deseo visitar durante una semana a mi familia para descansar”. Pues bien, ha entrado en el descanso eterno de manera inesperada, trágica y de repente… Es un barco que escapa a nuestra mirada y desaparecen en el horizonte. Está fuera de nuestra vista, pero no deja de navegar. Ha alcanzado otras orillas, en donde tendrá nuevos encuentros y tejerá nuevos lazos. Así ha entrado el P. Xavier en la morada eterna en donde está unido para siempre al Padre, en compañía de los santos. Sabemos, sentimos en nuestros corazones que ha alcanzado el mundo en donde reina la felicidad eterna… Que su vida y sus obras sigan animándonos en nuestro caminar hacia el Señor. Adiós, P. Xavier, adiós… hasta el día en donde nos volveremos a ver en la casa del Padre. Biju Allappat,SCJ |
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