Nuestros difuntos

  

- El Hno. Denis VILLENAVE

- El P. Julien SABATTÉ

 

 

- La madre del P.Silverio Siqueira de Moura

- Un hermano del P. Gabriel Verley

- El padre del P. Ernesto Consonni

- La madre del P. Alessandro     Paniga

- La madre del Hno. Claudio Mantegazza

 

 

 

Hno. Denis VILLENAVE (11 de marzo de 1917 - 27 de septiembre de 2001)

 

            Una figura de tiempos pasados… el Hermano Denis (Jean-Baptiste Villenave)

            Ese día, 27 de septiembre, estabamos cada uno festejando a nuestro gran vecino landés: san Vicente de Paúl. Y he aquí que nos comunican que el landés Hermano Denis se ha ido junto al apóstol de la caridad.

            De hecho, sólo se trata de un encuentro… de una cierta manera, los dos andaban por los mismos caminos: desde su tierna infancia, era la misma búsqueda de Dios. Esta búsqueda se vivía en familia, la oración tenía un lugar muy importante entre los Villenave: se estaba atento a toda llamada de Dios; la prueba es que una de sus hermanas se comprometió en la familia de las Siervas de María. La Hermana Apolline la conocíamos muy bien.

            Para Jean-Baptiste, su primera opción fue el seminario. Cuando estaba en el seminario mayor se le propuso otra ruta, en sí más accesible. La de la vida religiosa. Su búsqueda dejó de lado la elección de una vida monástica para optar por religioso-hermano en Betharram.

            ¿Igual camino que Vicente de Paúl? Sí, aún en el servicio de los Pobres, en donde lo que se pide parece siempre superar las posibilidades del muy humilde servido, Pues, de hecho, aunque grande de talla, vivirá siempre como pequeño. Sencillo y eficaz Hermano… Miguel Garicoïts le habría otorgado su preferencia.

            Fiel a su deber, dentro de los límites previstos, fiel en la Escuela de Nuestra Señora, en la Casa del Niño Jesús, finalmente en la Casa de Retiro cuando la edad y el cierre de esta casa de Pau se lo permitirán.

            Será una estadía de cerca 30 años. No siempre fácil con los numerosos achaques de salud y largas hospitalizaciones. Y luego, había ese hecho de que el trabajo estaba previsto y hecho por otros. No era extraño ver a Denis sentirse preocupado por querer ordenar, ayudar en el servicio de la mesa, recoger el pan (ese pan que distribuyó tan abundantemente a los alumnos del colegio que éramos). El fondo de su corazón era servir.

            Cada vez menos presente en la vida cotidiana de la comunidad, el hermano Villenave nos sorprendía, como por ejemplo, en una visita al Santísimo: ¡qué hermosa genuflexión! ¡qué hermoso signo de cruz, lento y amplio! ¡que recogimiento tan recto…! Era su manera de rezar.

            Para muchos, el Hermano era conocido por un sobrenombre. Pero mencionarlo era hacer surgir un rostro de asceta, una voz ronca, una mirada penetrante. Denis el inolvidable, sin embargo a menudo el olvidado, ¡tanto lo buscaba ser!

            San Vicente de Paúl se convierte en su abogado ante el Padre.

 

P. Gabriel VERLEY, s.c.j.

 

 

P. Julien SABATTÉ (22 de febrero de 1908 – 30 de septiembre de 2001)

 

            La muerte, tan absurda en sí misma, es el momento del paso hacia una nueva manera de vivir. Lo que el Padre Julien vivió como religioso de Betharram, se encuentra, hoy, sublimado, embellecido, llegado a su término junto a Dios a quien contempla tal cual es, en un cara a cara eterno.

            Me permito contar aquí algunos recuerdos. Conocí al P. Julien en 1941, cuando yo era alumno de la Escuela Apostólica. En aquel tiempo, la disciplina era lo común en los profesores. Era una disciplina rigurosa. No se jugaba con los reglamentos.

            La formación que habían recibido los mismos profesores los mantenían a distancia respetable en relación con sus alumnos. El P. Julien no parecía apreciar dicho método. Acordándose seguramente que todos somos hijos de Dios, se separaba de la manera de hacer de sus colegas. Nosotros, los alumnos, estábamos contentos verlo participar con pasión en nuestros juegos de pelota vasca o de fútbol.

            Con él, en clase, la atmósfera no era tensa, al contrario. El trabajo se resentía a veces un poco, pero estábamos a gusto. Incluso nos sucedía preguntarle de vez en cuando: “Padre, cuéntenos una historia”. Y el Padre no se hacía rogar para sacar un cuento de su repertorio. Nos contaba historias con talento inimitable, con mímicas que las hacían más que reales.

            Conviene retener de todo esto que el P. Julien estaba cercano a nosotros y que nos gustaba su compañía. Dios, que se hizo uno de nosotros, ¿no está más cerca de nosotros? Ha hecho de nosotros sus hijos, llamados a contemplarlo tal cual es.

            Joven sacerdote, el P. Julien fue movilizado  en 1939 y fue hecho prisionero por los alemanes, como otros tantos franceses. Le gustaba demasiado la libertad como para aceptar permanecer encerrado en un campo rodeado de alambre de púas. Por eso, con un compañero español comunista, Pedro, preparó con éxito su evasión. La travesía a pie de todo el territorio francés lo llevó al pie de los Pirineos.

            Durante su permanencia en nuestros colegios de Bazas, Limoges y Casablanca, el P. Julien dejó el recuerdo de un hombre desbordante de alegría y comunicativo. Su compañía no dejaba lugar a la melancolía.

            Amaba la vida y la vida lo amaba. El gusto por la distracción y la amistad festejada alrededor de una buena mesa no le eran extraños.

            Hoy, celebramos la fiesta de los ángeles custodios. Creo que su ángel guardián veló sobre él de manera particular, sobre todo cuando por dos veces  el Padre se encontró al volante de su vehículo fuera del camino. El vehículo acusaba bien las señales del choque, mientras que el conductor salía tan sólo con algunos rasguños.

            Le parecía que la Providencia lo favorecía: “¿qué le he podido hacer a Dios para que sea tan bueno conmigo?”, dijo un día. Sí, la bondad de Dios, la celebramos todos los días. Saber que somos sus hijos, poder rezarle, celebrar la Eucaristía, ¡qué felicidad, qué gracia! Y todo por una regalo gratuito de Dios.

            “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.”

            Comulgar con el cuerpo y la sangre de Cristo, ¿cuántas veces el P. Julien lo ha hecho a lo largo de tantas misas celebradas en 68 años de sacerdocio?

            Los pocos recuerdos que acabo de evocar no dicen todo lo que el P. Julien vivió profundamente durante su larga estadía entre nosotros. Sólo he esbozado un pálido borrador.

            Dios, que escruta los corazones y el interior, sabrá concederle una justa recompensa.

 

Homilía del P. Bertrand SALLA, s.c.j.