Nuestros difuntos

Encomendamos a las oraciones de todos:

El P. Jean Vaqué

- el padre el Hno. Enakius Charles

- la madre del P. Jean Lanusse

- la madre del Hno. Michael Richards

- la madre del P. Aldo Camesasca

- el hermano del P. Ceferino Arce

- la hermana de Mons. Claudio Silvero

- la madre del P. Subancha Yindeengarm

- el hermano del P. Colin Fortune

 

Padre Jean VACQUÉ (7 de septiembre de1913-11 de mayo de 2002)

La tarde del once de mayo, en el tiempo de la Ascensión, el P. Jean Vacqué subía al encuentro con el Padre, como para concederse el merecido descanso después de un día de trabajo pesado. Apagarse de tarde, era su aspiración, como había confiado al P. Jean-Luc Morin.

Nacido el 7 de septiembre de 1913, en Lectoure (Gers), allí mismo fue bautizado cuatro días más tarde. Había hecho su primera profesión el 10 de noviembre de 1932, en Balarin (Gers). Fue ordenado sacerdote el 1 de mayo de 1938, en Betharram. Ya entonces enseñaba en el Apostolicado; muy pronto fue nombrado para Bazas (Gironde).

Cuando la guerra estalla, es movilizado; prisionero, no acepta su suerte y se evade. Prosigue sus estudios en Burdeos, luego en Toulouse, y termina su licencia estando enseñando en Betharram.

Pasó quince meses (de julio del 44 a octubre del 45) en Balarin (Gers), en donde fue un verdadero ecónomo: para los jóvenes en formación, hambrientos en esos tiempos de escasez; será antes que nada un “un padre putativo”.

Luego, de nuevo la enseñanza: Betharram, hasta 1961; Casablanca, a donde llega en pleno año escolar para iniciar un laboratorio de física y de química; finalmente, Limoges, durante una docena de años (1965-1977); aquí, inventa maravillosamente el taller de trabajos manuales.

¿Había sonado la edad del retiro? ¿Su currículum se detiene aquí: “Junio de 1977, Betharram, Maison Neuve?

Escuchemos más bien al P. Verley en el día de sus exequias:

“A mi parecer, es a partir de este momento que, bibliotecario, archivista, encuadernador, con sus numerosas idas y venidas por las orillas del Tíber y del Gave, nos va a dejar el más preciado de sus trabajos: descubre el verdadero rostro del P. Echecopar, bosqueja los episodios casi epopéyicos de la vida de las primeras vocaciones de los Hermanos a cargo de San Miguel. Clasifica, coloca, mueve, vuelve a colocar miles de volúmenes...” Ha trabajado así cerca de veinticinco años; lo que le permitió su salud. Luego, ésta, poco a poco, disminuyó; más deprisa los últimos tiempos; pero hasta la última semana seguía viniendo para comer al comedor de la comunidad.

El sábado 11 de mayo, poco antes de las 18 horas, falleció en su sillón. El Señor vino a buscarlo: su lugar estaba listo, cerca del Padre.

El Padre Jean-Luc Morin presidió la misa de los funerales; el Padre Raymond Descomps - ¿su amigo o su cómplice? - pronunció la homilía.

Han llegado a Betharram testimonios. Retenemos algunos:

Del P. Joseph Saint-Pé, su sobrino, recuerdos de infancia:

“Esta escultura (la Virgen de la Estrella), en donde están grabados, en la espalda, algunas palabras: Bar-le-Duc, julio de 1940, J.V. scj (Jean Vacqué, sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús). Durante los años de guerra, en que fue soldado, prisionero, luego evadido, varias esculturas - como las de otros prisioneros, expuestas después de la guerra y que las fotografió - testimonian su esperanza en esos años difíciles. Hablaba de ello poco. Vuelve, pocos años más tarde, a esos lugares del Este de Francia, los recorre solo, en bicicleta: pero los paisajes habían cambiado, y la acogida de los habitantes fue menor, contaba él.

“De niños, hemos descubierto al tío, cuando visitaba la casa paterna una vez al año, - según la regla de aquel tiempo -, un tío sabio, que imaginábamos haciendo experiencias e investigaciones personales en su laboratorio, en un lugar lejano llamado Betharram: seguramente grandes casas al pie de las montañas, cerca de un torrente... La vieja radio de galeno que nos enseñó en aquellos años de la postguerra, cuando no teníamos radio, hasta la computadora personal que practicó, siguió con gran interés todos los grandes descubrimientos del siglo. En casa, cuando se nos presentaban algunos enigmas científicos o técnicos, lo poníamos por escrito diciéndonos “se lo preguntaremos al tío”, y en la siguiente visita nos tenía que dar todas las respuestas.

“(...) de vez en cuando, le gustaba romper algún protocolo, sacudir conformismos, impidiéndonos demasiado tomarnos en serio, diciendo también que, entre los betharramitas, no puede haber gente que se crea importante... Humor, propósitos paradójicos, observaciones inesperadas: era él. Los pequeños relatos que enviaba desde Roma para el “Eco de Betharram” estaban también dentro de ese espíritu”.

Testimonio de Benoît Loze, miembro de la Fraternidad “Me Voici”, de Pibrac:

“Padre Vacqué, en Roma, nos ha dado su tiempo y su energía, para hacernos descubrir esa ciudad tan hermosa, tan rica de historia íntimamente ligada a la de nuestra Iglesia. Lo hizo con una disponibilidad paternal, con competencia y optimismo, en un itinerario casi “forzado” a pesar de sus dificultades. Fue también un lazo más con la Congregación en su dimensión universal, con todos los moradores de Via Brunetti. Desde entonces, lo encontramos en Betharram, demasiado rápidamente, en el momento de nuestras reuniones de la Fraternidad y demás tiempos fuertes.

“Padre, acepte un gran agradecimiento por habernos iluminado con esos pequeños momentos de gran alegría. Con un gran respeto, le pedimos que interceda por todos los que amó.

Testimonio del Padre Roberto Cornara, que se ocupa hoy de nuestros archivos en Roma:

“Era un maestro y un amigo. Un maestro que me enseño a amar Betharram, sus archivos sobretodo... cartas y libros. ¡Cuántas veces hemos discutidos de tal o cual hecho histórico, de tal o cual actitud! ¡Cuántas veces me ha aconsejado, me ha ayudado a ubicarme en la historia compleja de Betharram y en el aún más complejo trabajo de archivamiento. De vez en cuando, al abrir una caja, al consultar un escrito cualquiera, veo por todas partes, como una evidencia, su mano, su marca, su señal. “Era también un amigo. Alguien con quise estaba en seguida en la misma longitud de onda, a pesar de un exterior un poco rudo, rugosos, que podría inspirar desconfianza o distancia. En él, he conocido a un buen viejo amable, con quien era agradable pasearse por Roma, o sentarse en su pequeña oficina, hablando de todo y de nada.

“Que el Señor lo acompañe en su último viaje hacia el Cielo, y que, desde arriba, nos ayude a todos a amar un poco más nuestra Congregación”.

Testimonio del Padre Descomps, en su homilía:

“Amigo del orden, trabajador concienzudo, versado en lo concreto, estaba destinado a la enseñanza de las ciencias, lo que siempre hizo, en todos los sitios por donde ha pasado, y en la dirección de los trabajos prácticos de los jóvenes. El P. Vaqué era el bibliotecario irremplazable. Varias veces, fue solicitado para ir a Roma a poner orden en los Archivos generales.

“Los últimos años de su retiro, los pasó en Betharram, en donde no se apartaba casi de la biblioteca. Después de sus laboriosas jornadas, no olvidaba reservarse una hora para la Misa que celebraba en una pequeña capilla, realizando así cada día una sola ofrenda de su trabajo y de Cristo.

“Sí, querido padre Vacqué, en la tarde, tu vida ha podido decir con Él: “he cumplido la Misión que me habías confiado. Hoy, entro en tu casa”.

¡Padre, ahí donde estás, sigue sonriéndonos!

Que tras su ejemplo, sepamos trabajar por la familia de Betharram uniendo discreción y eficacia.

P. Beñat OYHÉNART, s.c.j.

Superior Provincial