NUESTROS DIFUNTOS

 

Encomendamos a las oraciones de todos:

 

 Padre Pierre Silviet-Carricart
(10 de agosto de 1941 - 1 de febrero de 2000)

Hemos acompañado al Padre Pierre Silviet-Carricart a la cumbre del Calvario el jueves 10 de febrero de 2000. Ha ocupado el último sitio que quedaba libre en la parte remodelada del cementerio. Su muerte, que nos ha sorprendido, ha reunido para sus exequias a la gran familia de Betharram: su familia con sus seis hermanos y hermanas y sus sobrinos y sobrinas, el obispo que presidía la eucaristía y 135 sacerdotes, religiosos y diocesanos, alrededor de los miembros del Consejo General y del nuevo arzobispo coadjutor de Rabat. Cerca de 800 personas estaban presentes, profesores y personal de la Escuela Nuestra Señora, padres de alumnos, ex-alumnos, antiguos condiscípulos, gente de los pueblos vecinos y amigos de todas partes, particularmente de la Soule, su región natal.

Pierre había nacido el 10 de agosto de 1941, en Musculdy, pueblo cercano al puerto de mintaña de Osquich, que lo separa de Ibarre. Entra muy joven al Apostolicado de Betharram, en donde recibe la confirmación en 1952. Novicio en Mont-Joly, Gan, con el Padre Toucoulet, entra luego en el Escolasticado de Floirac. Estudiante como cooperador en el colegio de los Lazaristas de Antura, en el Líbano, recibe, el 30 de junio de 1968, en Floirac, el sacerdocio de manos de Mons. Maziers. Inicia con éxito los estudios de filosofía en la facultad de Toulouse, al mismo tiempo que se desempeña como capellán de la escuela S. Judas. Luego, es nombrado profesor de filosofía en el Colegio Nuestra Señora de Betharram, antes de llegar a ser su director y el superior de la comunidad. En 1981, es nombrado director del Instituto Jean Errecart, en Saint-Palais. Luego, en 1987, es de nuevo director y superior en Betharram. El Capítulo General de 1993 lo nombra Ecónomo General, cargo que cumple con mucha precisión y afabilidad, por todos reconocida. Había tomado muy a pecho la causa de beatificación del P. Etchecopar, de la cual era postulador. El Capítulo General de 1999 le había renovado su confianza, al mismo tiempo que estaba afrontando una prueba de acusación por parte de un ex-alumno ante la justicia. Pero el encarcelamiento y la campaña emprendida por los medias lo habían destruido demasiado como para soportar la idea de ser juzgado de nuevo en los tribunales. Prefirió "echarse en los brazos misericordiosos del Padre". Su cuerpo fue encontrado en el Tiber. Murió el 1 de febrero de 2000. Que nuestra oración lo acompañe hacia la Resurrección.

 

He aquí el texto introductorio a la celebración de sus exequias:

Hoy en este local del cual estaba orgulloso, Pierre nos reúne como su gran familia. Nos reúne alrededor de sus hermanos y hermanas, sus sobrinos y sobrinas, su familia humana, en donde recibió la vida, su nombre, su identidad, sus raíces profundas; en donde creció para descubrir el amor, el respeto profundo de cada uno, la rectitud, la lealtad; en donde bebió la fe profundamente anclada en el sentido de Iglesia; en donde también compartió momentos de alegría y de pena, momentos de pruebas y festivos.

Nos reúne alrededor de su familia religiosa: caminó en el compromiso de consagrado, en pos de Cristo, siempre adelante con san Miguel, en el aquí estoy cotidiano.

Hoy, entre nosotros, los hermanos italianos, paraguayos, argentinos, de la India, los mensajes del Brasil, de Costa de Marfil, de Inglaterra, de Belén, nos dicen que toda la familia está con nosotros. El huracán ha segado la vida de este hombre afable y sensible, ordenado y dinámico; los "riesgos del oficio" se han transformado en "obra de demolición".

Este hombre, atento al respeto de cada uno, ha sido entregado a la mentira, a la suspición de este mundo irrespetuoso de todos los valores humanos que eran el fundamento de su vida. Señalado con el dedo, acusado, encarcelado como culpable, pasó por el engranaje de lo que es la justicia de los hombres cuando no sabe respetar al hombre como "historia sagrada".

Prefirió echarse en la misericordia del Padre y en su justicia antes de verse también manchado, y ver salpicados, por una información atrevida, a todos los que estaban irritados por su Viacrucis.

Aquí estamos, con los ojos brillantes de lágrimas,
el corazón lleno de cuestiones,
la boca amarga por nuestra sed de justicia,
la cabeza turbada por nuestras indignaciones,
y nuestro corazón en donde el amor no sabe más…

Así, henos aquí todos, unidos, formando hoy la familia de los que te rodean, Pierre, toda la fraternidad posible, para acompañar, como podemos, este paso que te lleva al que es Verdad, Vida, Amor y que debe reconocer en ti las huellas de su proprio camino de SALVADOR.

Le estás configurado.

P. Jacky MOURA, s.c.j.

 

P. Juan Antonio Deogracias Pérez
(23 de marzo 1911 - 4 de febrero de 2000)

 

El padre Antonio falleció el 4 de febrero del famoso año 2000 en el "Sheraton de los curas" en feliz expresión de Mons. O'Neil, Vicario General del Arzobispado de La Plata y fiel penitente del Padre. Las Hermanitas de los pobres, hijas de la Beata Juana Jugan se encargaron desde el 19 de julio de 1995 de cuidarlo amorosa y filialmente, en una de las tres habitaciones reservadas para los sacerdotes seculares, por especial concesión del Arzobispo de La Plata, penitente también del Padre Antonio.

Hermano del Padre Bernardo, fallecido en 1976, en el Colegio de Montevideo, era desde hace unos años decano de la Provincia de San José del Río de la Plata. Formaba parte de los últimos "sobrevivientes" del Escolasticado de Nazaret y Belén y del Noviciado de Balarin, con el famoso padre Baradat. Dueño de una exquisita y frondosa imaginación, su vida fue pródiga en anécdotas risueñas y tragicómicas, narradas con voz varonil y gestos locuaces, que cautivaban a sus oyentes. - No olvidar que él decía que podía faltarle la idea, pero nunca la palabra. Seguramente que su segunda vocación hubiera sido la de actor.

Su vida se desarrolló en dos facetas: la de Profesor y la de Sacerdote. Desde Bazas, en 1940, por exigencias de la Segunda Guerra Mundial, y siguiendo luego por San José de La Plata, el Apostolicado del Sagrado Corazón de Barracas, Inmaculada Concepción de Montevideo y el San José de Buenos Aires, durante unos cuarenta años, su llamativa versación literaria y su afán de enseñar el difícil arte de escribir lo hicieron famoso porque las correcciones con tinta roja eran tantas que, al finalizar la lectura del trabajo presentado, el alumno no lo reconocía como suyo.

Su labor como cronista fue siempre muy apreciada, sobre todo en el Apostolicado y en el San José de Buenos Aires donde, a menudo, en la revista mensual FVD lamentablemente desaparecida, aparecían esas páginas con el estilo tan peculiar y original que lo caracterizaban.

La actividad pastoral corrió por dos cauces: el amor a los pobres y el apostolado del confesionario, especialmente para los sacerdotes. Desde la Conferencia de San Vicente de Paúl, en el San José de Buenos Aires, inculcó a los alumnos el espíritu de solidaridad para con los que tenían menos y, en la Parroquia Nuestra Señora de Betharram, en La Plata, donde fue su último párroco, lo conocían bien los feligreses necesitados que acudían los lunes a recibir de sus manos alimentos y ropa indispensables.

En cuanto a su apostolado en el confesionario, fue notable su dedicación para atender a sus hermanos en el sacerdocio que lo encontraban a toda hora listo para reconciliarse con Dios.

Una mención especial merecen sus homilías dominicales. Las preparaba todas, sin excepción, con tal prolijidad que previamente las escribía, habiendo confesado que era incapaz de repetir la del año anterior aunque le hubiera satisfecho su composición y, para evitar una posible tentación, destruía los cuadernos donde las anotaba. Ya los lunes comenzaba a reflexionar sobre el evangelio del domingo siguiente. Por otra parte, nunca usó la máquina de escribir ni la estilográfica; siempre su instrumento predilecto fue el "plumín", como él lo llamaba, y sólo en los últimos años aceptó cambiarlo por la universal birome.

Sus exequias en el Hogar Marín, en plenas vacaciones, fueron presididas por el R.P. Provincial Gaspar Fernández Pérez, acompañado por más de una docena de sacerdotes, betharramitas y seculares.

Como expresó en e1 periódico local el Dr. Boabdil Juan Marchetti: "No vivió el padre Antonio Pérez en el silencio inoperante de los inútiles sino en el fecundo silencio de los humildes".

 

P. Domingo MINER, s.c.j.