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Nuestros difuntos |
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Encomendamos a la oración de todos:
· P. Jean SAINT-GUILY
. La mamá del Hno. Teodoro MIGUEL
Padre Jean SAINT-GUILY (6 de mayo de 1908 – 3 de marzo de 2004) Cuando la Buena Noticia fue anunciada por nuestro Señor Jesús en el pequeño país que hoy se llama Tierra Santa, llamó a discípulos y los formó para la Misión, Él, el misionero del Padre. Cuando una gota de lluvia de un temporal cae en tierra, se aplasta y envía pequeñas gotas en todas las direcciones. Así sucedió con la Buena Noticia, cuando cayó sobre los apóstoles el viento de Pentecostés. “Id a todas las naciones y haced discípulos y enseñadles todo lo que os he mandado”, escribía S. Mateo, con las palabras de Jesús (Mt 28, 19). Y S. Marcos añade, en el último versículo de su evangelio: los apóstoles “salieron a predicar en todo lugar, actuando el Señor con ellos” (Mc 16, 20). El llamado a la Misión de Asia llegó a Betharram, en primer lugar, con un llamado general del Papa a todas las congregaciones religiosas, luego, con un llamado de Mons. de Gorostarzu, vicario apostólico del Yunnan, provincia del suroeste de China, tan cara a todos nosotros, desde los inicios del s. XX; y, finalmente, con un llamado particular del Papa Benedicto XV, dirigido a nuestra Congregación el 18 de junio de 1920. Nuestros superiores aceptaron, contentos de continuar así la Misión de América del Sur, iniciada en vida de S. Miguel Garicoïts a mitad del s. XIX. Hubo un fuerte movimiento de voluntarios y los tres primeros misioneros salieron para China al final de 1921. La ciudad de Tali, en el Yunnan, fue elegida como centro de la Misión que se nos confiaba, a pesar de los peligros del momento. Ante todo, el de los bandidos que serpenteaban el país y cortaban los caminos: había un único camino transitable en toda la región. Peligro de residir en una ciudad de clima malsano, a causa de la fiebre llamada “la fiebre de los bosques” y que estaba extendida por toda esta provincia montañosa, en la cual la cota más baja estaba ya a 2000 metros. Peligro de trabajar entre la gente procedente del lugar que proclamaba que se hacían cristianos sólo los malos sujetos. ¡Ah! ¡Cuántos mártires arrastra detrás, esta gente bien pensante! A esta misión, destacada de la de los Padres de las Misiones Extranjeras de París – más importante -, siguen llegando misioneros. En 1934, es el momento del Padre Saint-Guily que llega del sur, después de atravesar Birmania. Se entrega con empeño al estudio del chino, estudio verdaderamente difícil. Enseguida aprenderá los rudimentos de otras lenguas de los habitantes de la montaña del sur. La Misión, convertida en Prefectura Apostólica, está dirigida por el P. Magenties, convertido en Mons. Magenties… En 1936, el P. Saint-Guily es nombrado procurador de la Misión, con residencia en Tali. En 1948, la Misión se convirtió en Diócesis, con Mons. Lucien Lacoste como primer obispo. Por poco tiempo, pues él también será expulsado de China en menos de cuatro años después. Viene la tormenta para nuestra misión como para todas las misiones de China; la mordaza comunista se cerraba cada vez más, primero alrededor de las regiones, luego alrededor de las ciudades, luego alrededor de las residencias, y muchos de los nuestros sufrieron primero la prisión, luego el proceso y la expulsión como malhechores… Es lo que un historiador betharramita llama “una breve agonía”. Y sin embargo, en este mismo período, los misioneros del sur anuncian, como un viento de Pentecostés, centenares de conversiones en las tribus Uas, Katchines, Lissous, Shans… ¿Cuál es, pues, la estrategia del Padre del cielo? Se pueden descubrir las migajas pensando que, muchos misioneros echados de China, han podido aprender el “tai” en tiempo récord, porque hablaban el “shan”, una lengua afín. Otros, pudieron encontrar en el norte de Siam tribus de lengua ua, lissú y tai-lao, mucho más cercanas al shan y al tai. A un cierto momento de este período difícil, en diciembre de 1950, el P. Saint-Guily, superior de la comunidad misionera desde hacía un año, realiza un viaje de aprovisionamiento en Birmania. Vuelve con dos ayudantes y ocho mulos cargados y, el 2 de febrero de 1951, se presenta en la frontera y espera durante unos cincuenta días la autorización de entrar en China. Los comunistas rechazan. Y también los birmanos rechazan el permiso de residencia. El Padre busca entonces un destino para él y para los demás salidos de la misión. Pide a Mons. Chorin, de las Misiones Extranjeras de París y Vicario Apostólico de Bangkok, asilo y trabajo para los refugiados de China. En octubre de 1951, Mons. Chorin le acepta en su misión y el P. Saint-Guily llega a la capital del Siam días después. El 30 de noviembre está en Chiang Mai, en donde los Padres se instalan por unos meses, poniéndose al estudio del tai. En 1954, Mons. Lacoste llega a Chiang Mai y dirige el trabajo misionero. El P. Saint-Guily seguirá superior de los religiosos hasta 1967. Luego, Mons. Lacoste será el primer obispo de la nueva diócesis de Chiang Mai. El desarrollo de esta obra magnífica: la evangelización del norte del Siam la conocemos por las revistas misioneras betharramitas, el correo abundante de los misioneros, los cuadernos que algunos han dejado al respecto, sus trabajos apostólicos y más de 10.000 fotografías que están guardadas en nuestros archivos. Lo que no se dice, o se dice poco, pero que se adivina, es el cúmulo de esfuerzos, de sufrimientos, de fatigas, mezclados con alegrías y satisfacciones, en el trabajo apostólico. Cada uno de nuestros misioneros podría, como S. Pablo, establecer una lista de los peligros que ha rozado o sufrido. Merecen la recompensa prometida a los buenos servidores. Menciones especiales para el P. Saint-Guily del cual soy el sucesor como procurador de las Misiones de Tailandia desde hace poco más de 18 años y que tuvo un ataque de hemiplejía que lo condenó a una silla de ruedas durante todos estos años. ¡Cuántas oraciones ha rezado y cuántos sufrimientos meritorios ha acumulado para que siga el trabajo misionero que él cumplió con sus hermanos en China y en Tailandia! El Señor lo tendrá en cuenta cuando le diga: “¡Entra en la gloria de tu Señor!”
Homilía del P. Pierre LEBORGNE, s.c.j.
Padre Marco GANDOLFI (4 de octubre de 1919 - 4 de marzo de 2004) La última peregrinación del Padre Marco Gandolfi El que fuera un gran viajero (todavía a sus 80 años organizaba y dirigía apreciados viajes a Lourdes, Jerusalén, Padre Pío…), habrá encarado con curiosidad la última peregrinación: a uno de los puestos del mundo a donde jamás ha ido. Nacido en Bormio (Italia), el 4 de octubre de 1919, “el Padre Marco parecía haber hecho voto de no perder ni un minuto”, ha señalado en la homilía el Padre Davide Villa; “el Padre Marco sabía demostrar el entusiasmo por la vida”, ha recibido al hermano Giulio Forloni (Vicario Provincial): y verdaderamente la actividad de este robusto sacerdote y con salud “escandalosa” – como él mismo decía últimamente – ha sido muy relevante. Desde los años de estudio, pasados en el seminario de Colico y luego en Francia y Palestina (el próximo mes de julio habría cumplido 60 años de ordenación sacerdotal, cumplida en Belén en 1944), ha conseguido dos licencias, en teología en Roma, y en filosofía en la Católica, en los tiempos duros de la fundación y de la expansión de los betharramitas por todo el norte de Italia. El Padre Gandolfi ha sido protagonista en la historia de la Congregación, cuyo centenario de presencia en Italia se celebra este año, promoviendo, sobre todo en los años cincuenta y sesenta, su expansión. Se puede decir que la mayor parte de los 17 sacerdotes celebrantes en sus exequias fueron recibidos por él y crecieron en la vida religiosa con él. Incluso muchos fueron educados como alumnos suyos en el primer seminario teológico de Albiate, cuando el Padre Marco era profesor y al mismo tiempo Superior Provincial (lo fue por espacio de 18 años seguidos, antes de ser, en los años sesenta, Asistente General en Roma por otros 12). Luego fue el largo paréntesis en Lissone: primero, al lado del fundador, el Padre Giuseppe Airoldi, durante la construcción de la iglesia y hasta el 1969 (en la época en que fue el iniciador del “Grupo de matrimonios” parroquial); luego, entre 1986 y 1988, como vicario administrador. De carácter fuerte, acostumbrado a decidir y, por consiguiente, a tener algunos choques, quizás la verdadera humana grandeza del Padre Marco se ha visto sobre todo en los momentos en que no ocupaba posiciones de relevancia que a menudo el deber le requería. Más allá de su palabra vibrante y apasionada desde el púlpito, el Sagrado Corazón lo recordará sobre todo en dos imágenes frecuentes suyas, antes de que la imprevista enfermedad – en los 15 últimos meses de vida – lo obligara a hospedarse en la casa de reposo de Lissone, en donde murió el 4 de marzo: sentado en el confesionario esperando con gran misericordia a los penitentes, o también, revestido con alba blanca, al fondo de la iglesia, saludando personalmente y dando la mano a muchos fieles al final de las misas dominicales. Sonriente: aún ésta fue una característica constante del Padre Marco; a pesar de la intensa actividad y las responsabilidades serias asumidas, el Padre Marco estaba siempre sonriente, gozaba de muchas y alegres compañías, sabía estrechar y cultivar amistades profundas. La desbordante celebración del domingo 7 de marzo ha sido una demostración y, al menos, en el recuerdo, no será la última.
Roberto Beretta
El Padre Antoine Ospital, nacido el 28 de abril de 1926 y fallecido el 21 de marzo de 2004, en Betharram, será recordado en el próximo número de la Nef. |