Nuestros difuntos

 

Encomendamos a las oraciones de todos:

 

- El P. Marcel CURUTCHET

 

- La madre del P. Gabriel Verley

 

Padre Marcel CURUTCHET

(31 de enero de 1928 – 6 de diciembre de 2001)

 

Marcel Curutchet se fue el 6 de diciembre de 2001, llamado por el Padre misericordioso.

            Desde hacía once meses y desde su accidente vascular cerebral, era incapaz de comunicarse con los demás: ¡qué sufrimiento para quien quería estar cerca de sus hermanos los hombres y sobre todo de los pequeños, los lastimados! Agradecemos a la Diócesis de Bayona el haber aceptado gustosa a Marcel en Cambó, en la Casa de Retiro de los Sacerdotes del País Vasco, que está suficientemente equipada como para recibir a enfermos muy discapacitados: vivió dentro de la dignidad y del respeto, rodeado por los atentos servicios del personal, especialmente de las Siervas de María. Aquí fueron también las exequias antes de su inhumación en la tumba familiar de Iriberry.

            Marcel conoció Betharram al final de sus estudios secundarios: en el momento de orientar su vida hacia la vida religiosa, antes que hacia una carrera deportiva en donde podría haber brillado.

            Su ministerio de sacerdote se desarrolló esencialmente en parroquia: un corto tiempo en Saint-Palais; luego, en las Parroquias de Burdeos situadas en la margen derecha del río Garona, en ambiente popular y obrero – alrededor de 1968; treinta años en Ambès, en donde el Garona y el Dordoña se juntan y forman el Gironda. Y luego tuvo este accidente.

            El 16 de diciembre de 2001, en Ambès, la población quiso rezar por su Párroco. El alcalde testimonia: “Marcel nos ha dejado, y todo un pueblo expresa su tristeza: cada habitante de Ambès lo conocía y lo apreciaba, pues en él no había diferencias, ostracismo, exclusivismo: cualesquiera que fueran la religión, el color de la piel, las opiniones, sus puertas estaban abiertas a cada uno, su corazón estaba abierto a todos”.

            “Sabía escuchar, tranquilizar, ayudar: su prójimo era igual el joven en crisis de adolescencia que el abuelo inquieto por el día del mañana, era lo mismo el que buscaba empleo que una familia alegre”.

Si uno no se le acercaba, sabía encontrarlo, convencido de que el hombre es verdaderamente él mismo en su cotidianidad, en su lugar de trabajo, en su ambiente familiar o en sus diversiones. Llevando esta lógica a su término y convencido de comprender mejor así a su prójimo, compartía trabajo y diversión siendo obrero agrícola, electricista, revisor de contadores o cobrador de recibos, jugando al fútbol o corriendo cross”.

            “… Con algunos, las palabras no eran quizás necesarias. He respetado al sacerdote y su fe muy fuerte y muy personal. He apreciado, y sin duda admirado, al hombre justo y bueno que me permitió compartir una complicidad cuyo solo juego era el bienestar del prójimo.”

            “Así era Marcel: feliz en el vivir, en el dar, en el compartir”.

            El Padre François Barre, párroco de Ambarrès y responsable del sector, cuenta su primer encuentro: “Cuando te vi en el jardín, te tomé por el jardinero y fue la visión de un hombre que se me apareció. ¡Pero qué hombre! Celebrábamos la misa el domingo en Saint-Louis. Hablabas, yo escuchaba embelesado, extrañado, un poco escandalizado a veces por tu libertad de palabra. Me dejabas la segunda parte de la Misa en la que participabas un poco retirado, como si no te encontraras a gusto en la liturgia. Pero comulgábamos a la misma hostia compartida”.

            Prosigue: “Una palabra, una frase que me dijiste un día se me quedó en la memoria: - ¿Sabes?, cuando uno se ha alejado con relación a la institución, es difícil estar a gusto. Y tu sufrimiento ha sido el ser fiel. Gracias, Marcel”.

            Dirigiéndose a los habitantes de Ambès, el Padre Barre dijo: “Si habéis sido capaces de recibirme con tanta amistad, cuando, no estando Marcel, no podía hacer como él, ser como él, ¿no es quizás porque, bajo sus aparentes rebeliones, era el bueno y fiel servidor de su verdadero maestro, el Señor Jesús, y que os enseñó, a su manera, el verdadero sentido de nuestra Fe?

            Sin duda, Marcel vivió con el mismo sufrimiento su pertenencia a la familia de Betharram. Durante treinta años se encontró solo en su presbiterio de Ambès. Sin embargo, siempre se consideró de nuestra Familia Religiosa; vino a nuestro encuentro en Costa de Marfil, lo mismo que fue a Tailandia, a visitar a su hermano. Me escribió muy fraternalmente luego de mi nombramiento en marzo de 2000; me recibió en el siguiente mes de noviembre y me respondió a las únicas felicitaciones de Navidad que pude enviarle; fue justo antes de su accidente…

            Marcel, has sido nuestro hermano; lo sigues siendo. ¡Gracias!

 

P. Beñat OYHÉNART, s.c.j.

Superior Provincial