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Nuestros difuntos |
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Encomendamos a las oraciones de todos: El
P. Ovidio PIN El
P. Roger PEDEBIDEAU El
P. Gordon DICK El P. Giovanni GAVAZZI La
madre del P. Robert DAQUO Un
hermano del P. Giovanni GAVAZZI El
padre de nuestro novizio José KUMAR (India) La
madre del P. Franco CESANA Una
hermana del P. Andrés VILLALBA Un
hermano del P. Subancha Paul Mary YINDEENGARM Padre Ovidio Pin (16
de febrero de 1916 – 15 de enero de 2001) El Padre Ovidio Pin me recibió un 30 de
setiembre de 1961 en el Apostolicado de Mendelu. Yo tenía 11 años. Sólo
se quedó 3 meses, porque ya terminaba su mandato de Superior en aquella
comunidad. Esos 3 meses fueron suficientes para que se grabaran en mi
memoria algunos recuerdos: Me acuerdo
siempre de aquel segundo toque del silbato al terminar el recreo, ya todos
en fila. Sonaba el silbato seco, lo agarraba encerrándolo en la mano
derecha, y acto seguido con la misma mano se sacaba la boina. Se hacía un
silencio total y nadie se movía. Lo recuerdo también con la sotana de trabajo, caminando por los tejados,
cambiando tejas, reparando algún baño o arando la tierra detrás de una
yunta de vacas. Era servicial, atento y pendiente del otro para que no le falte nada: Servile
vino, y te llenaba el vaso hasta desbordar. Lo recuerdo serio, exigente, muy exigente, según el estilo de la época:
Nunca uno, rara vez dos, siempre
tres o más..., refiriéndose
a las amistades particulares. Lo estoy viendo cada domingo sentado en la mesa del estrado del estudio
de la entonces casa nueva, leyendo las notas semanales. Todos en silencio,
atentos y temblorosos: Calvo: diez,
siete (la conducta); religión, seis; castellano, ocho... En enero de 1962 volvió a Pereyra, donde
se había criado. El Padre Pin había nacido en los Villares,
provincia de Lugo, en el noroeste de España, el 6 de febrero de 1916.
Siendo niño, vino con su familia a Argentina. Se establecieron en el
barrio de Piñeiro, en Avellaneda. Eso le permitió conocer la Congregación
y entrar en el Apostolicado de Pereyra. Hizo el Noviciado en Balarin y el
Escolasticado en Belén, como los betharramitas de antes. La primera
obediencia lo destinó como profesor al Apostolicado de Pereyra, cerca de
sus parientes. El Padre Pin ha sido un fiel servidor de la Iglesia desde la Congregación.
Nunca quedó mucho tiempo en una comunidad, porque la obediencia siempre
ponía a prueba su disponibilidad: Apostolicado de Mendelu, breve fundación
de Zamora, de vuelta a Pereyra, Colegio de La Plata, Montevideo, Atlántida,
San José de Buenos Aires, Martín Coronado, Adrogué, Santiago y San Juan.
Ha sido Superior, dicen que muy exigente, ecónomo, profesor, párroco.
Fue él quien comenzó la construcción de la nueva iglesia parroquial de
Martín Coronado. Pero he recibido también el testimonio de personas de
Barracas y Uruguay que lo valoraban como muy buen confesor. La obediencia
la tenía grabada a fuego en el corazón y puedo dar testimonio del
combate que vivió en los últimos tiempos por ser fiel a la obediencia y
a la Congregación, sin la cual yo no soy nada, como me decía. Siempre sentí que me tenía gran aprecio. Todavía guardo dos estampas
de papel manteca que me mandó desde Atlántida porque no podía venir a
mi ordenación. Las dos estampas tenían un lugar libre para escribir algo.
Él las mandó intactas y en un papel aparte, que acompañaba una breve
carta, me puso: Si fuera santo, te
pondría una plegaria. Si fuera poeta, compondría unos versos. Pero como
no soy ni lo uno ni lo otro, te dejo el recuadro libre para que tú, que
eres poeta y más santo, te dediques esta estampa-recuerdo de tu ordenación.
5 nov 1980. Así era el Padre Pin: parco, seco, tajante, pero sabía
manifestar su afecto cuando quería a alguien. Él me recibió en Betharram, yo tuve que cuidarlo los últimos días, lo
ungí con el óleo de los enfermos y lo despedí en su camino hacia la
casa del Padre, el 15 de enero de 2001. Me queda un no sé qué de que se
haya ido al encuentro del Señor un poco molesto conmigo por las cosas difíciles
que nos tocó vivir. Entre todas sus cascarillas, el Padre Pin era muy sacerdote. No me cabe
duda de que estará gozando de la belleza resplandeciente de Jesucristo,
sacerdote eterno y servidor del Padre con
todo el Betharram del cielo. P.
Gaspar FERNÁNDEZ PÉREZ, s.c.j. Superior
Provincial
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